Amigas y amigos:

Permítanme iniciar expresando mi agradecimiento a Visión Mundial, por la invitación para acompañarles en este Primer Foro Nacional de Equipos Esperanza, denominado “Por una niñez tiernamente protegida”.

Es una oportunidad muy valiosa, ya que en el marco de la reciente conmemoración, el pasado 25 de noviembre, del Día Nacional e Internacional para la eliminación de la Violencia contra las Mujeres, hemos insistido en la urgencia de reflexionar sobre el impacto que tiene la violencia basada en género en la vida de las niñas y las adolescentes, en particular.

Debemos ser conscientes que las consecuencias  que sufre la niñez  víctima de la violencia de género, son devastadoras, pues generan  graves perjuicios en su integridad física, emocional y sexual –entre otros– impactando negativamente en su desarrollo integral, pero también en el desarrollo social, político, económico y cultural de las naciones.

Si bien es cierto, que lamentablemente en nuestro país, y en el mundo entero, tanto niñas como niños siguen sufriendo de múltiples formas de maltrato, lo cierto es que siempre han sido, y siguen siendo las niñas y las adolescentes, las mayores víctimas de la violencia y la discriminación.

Basta que reflexionemos en algunos, de los múltiples aspectos que podríamos mencionar, para llegar a la conclusión anterior.

En primer lugar, en el seno de las familias, la violencia de género afecta a las niñas y a las adolescentes ya sean ellas víctimas directas o indirectas de la misma.

El Informe de Situación de la Niñez y Adolescencia en El Salvador del año 2014, presentado por UNICEF, indica que “la gran mayoría de las mujeres de 0 a 17 años recibieron maltrato de su madre o su padre.

Esta violencia, que puede tomar forma de agresiones o maltratos físicos, en el caso de las niñas y mujeres se ve agudizado cuando tal violencia se utiliza para fomentar en ellas patrones muy patriarcales y estereotipados.

En muchos hogares, a las niñas se les maltrata o golpea como forma de castigo cuando, por ejemplo, quieren vestir con ropas que las familias consideran “inapropiadas”, como cuando prefieren usar pantalones y no faldas o vestidos; también cuando no desean realizar tareas que se consideran “exclusivamente femeninas”, aun cuando hay hermanos hombres que también pueden realizarlas; incluso hemos conocido casos de castigos físicos cuando las niñas desean practicar deportes que son considerados “masculinos”, como el futbol o el karate.

La violencia emocional también victimiza de forma diferenciada a niños y a niñas, y la violencia de género les afecta grandemente.

En el caso de las niñas, sigue presente en forma de insultos, burlas, amenazas o desprestigio, por su mera condición de mujeres: “Mujer tenías que ser” es una frase que las niñas escuchan repetidamente cuando cometen un error, cuando pierden un juego o simplemente cuando no saben responder una pregunta.

Esto, por mencionar un pequeño ejemplo, reproduce exponencialmente la idea de que las mujeres son inferiores a los hombres, e incapaces de hacer bien lo que se propongan, fomentando la discriminación en su contra y afectando sus habilidades para la vida.

En segundo lugar, la violencia sexual afecta más a las niñas y a las adolescentes mujeres que a los niños y adolescentes hombres.

Y esta violencia, empieza a veces desde una edad muy temprana, muchas veces bajo la forma de acoso sexual.

Niñas muy pequeñas, a veces de apenas 7 años, ya empiezan a ser víctimas de esa forma de violencia, en aquellos espacios en donde deberían sentirse más seguras: en las calles, los autobuses, los parques, los centros escolares, a veces inclusive en las iglesias y en sus propios hogares.

Miradas lascivas, frases y gestos con un explícito mensaje sexual; intentos de tocamientos o besos forzosos es algo a lo que miles de niñas y adolescentes se enfrentan a diario.

Muchas niñas y adolescentes ven limitado su derecho a acceder libremente de los espacios públicos, por temor a sufrir de estos u otros vejámenes.

Aquellos lugares en donde las niñas y las adolescentes deberían disfrutar plenamente sus derechos al deporte, al juego y al sano esparcimiento, son muchas veces vedados por las propias comunidades para las niñas.

Generalmente los parques y las canchas deportivas (ya sean de futbol o básquetbol), están tomadas para la práctica de deportes de los hombres –generalmente jóvenes y adultos– quienes prácticamente “expulsan” del lugar a las niñas y adolescentes de formas groseras y abusivas.

El acoso y las agresiones sexuales también son una realidad cotidiana en muchos centros escolares, tanto públicos como privados, por parte de docentes pero también de compañeros hombres.

Las niñas y las adolescentes son el grupo poblacional que más sufre de violaciones sexuales.

Como hemos señalado en el más reciente “Informe sobre el Estado y Situación de la Violencia contra las Mujeres 2015”, del Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU), los datos estadísticos revelan que de los 9,290 reconocimientos forenses practicados por Medicina Legal desde la entrada en vigencia de la Ley Especial Integral para una Vida Libre de Violencia,  hasta marzo de 2015, la mayor concentración de los casos de agresiones y violaciones sexuales fueron cometidos contra niñas y adolescentes entre 0 y 19 años.

Lo anterior permite concluir que la edad puede constituirse en un factor que incrementa la vulnerabilidad de las mujeres a ser víctimas de violencia sexual, ya que a menor edad, más victimización sexual.

Niñas y adolescentes víctimas de violaciones reiteradas, por lo general por parte de familiares o personas allegadas, llegan a las sedes de Ciudad Mujer ya con embarazos a edades a partir de los 12 años a veces.

Esos embarazos en niñas y adolescentes, constituyen en sí, otras vulneraciones a los derechos de las niñas y adolescentes a vivir una vida libre de violencia.

Más del 89% de estas adolescentes embarazadas se ven obligadas a abandonar los estudios para enfrentar las responsabilidades exclusivas del cuido de sus hijos e hijas, tal como lo señaló recientemente el estudio realizado por el Ministerio de Salud y el UNFPA.

Tal como se señala en dicho estudio, los embarazos en semejantes circunstancias truncan el desarrollo educativo de las niñas y de las adolescentes, dificultando sus posibilidades de inserción laboral en mejores condiciones, durante su vida adulta.

Además de lo anterior, las niñas y adolescentes viviendo en estas condiciones son más vulnerables a adquirir infecciones de transmisión sexual, desarrollar cáncer a tempranas edades, así como a sufrir de depresiones crónicas, ansiedad y otras patologías psicológicas.

La violencia en el noviazgo es un fenómeno cada vez más visible. Adolescentes de 15, 16 o 17 años –y a veces menores aún– están sufriendo agresiones a manos de sus parejas, quienes muchas veces son también adolescentes como ellas.

Insultos, amenazas, pellizcos, jalones, mordidas y golpes, son algunas de las expresiones de violencia que sufren estas niñas.

Novios que prohíben a las niñas tener otras amistades o salir a lugares sin ellos. Jóvenes que son amenazadas o calumniadas por sus ex parejas a través de redes sociales, son algunos de los casos que podemos compartir esta mañana, pero que se suceden día a día en las vidas de las adolescentes y las jóvenes.

Por otra parte, la violencia simbólica sigue afectando a las niñas y a las adolescentes. Basta escuchar algunas de las canciones de moda, que tanto suenan en las radios comerciales; o ver los videos musicales que reiteradamente se transmiten en los espacios juveniles de los canales de televisión o en internet; asistir a algunos conciertos, por ejemplo, para encontrar múltiples expresiones de violencia simbólica.

Frases e imágenes que siguen colocando a adolescentes y jóvenes como objetos sexuales que deben estar a disposición plena de los hombres, o que inclusive hacen apología de violaciones y feminicidios siguen siendo comunes y muy rentables en la industria de la música, el cine, la radio, la televisión y la publicidad en general.

Esta violencia simbólica tiene el efecto de reproducir esos esquemas violentos que discriminan a las niñas y a las adolescentes, y que fomentan su victimización.

Esos patrones también afectan negativamente a los niños y a los adolescentes hombres, al construir una masculinidad equivocada, sobre la base de la violencia y el ejercicio de poder hacia las mujeres, impidiéndoles desarrollarse plenamente, sobre la base del reconocimiento de la igualdad y la dignidad de todas las personas.

Todo esto fomenta que continuemos teniendo generaciones de víctimas y de victimarios.

Existen efectos a más largo plazo que se producen en la niñez expuesta a violencia en el contexto familiar. El más destacado es el modelo de aprendizaje de comportamientos violentos.

Las hijas e hijos de la violencia de género están viviendo de forma continuada y prolongada situaciones de violencia y abuso de poder, experiencias que les marcarán en su desarrollo, personalidad, comportamiento y valores en la edad adulta.

Las relaciones familiares violentas influirán en el significado que la niñez atribuya a las relaciones interpersonales, y más concretamente a las relaciones entre géneros, entre hombres y mujeres. Aprenden a entender el mundo y las relaciones de forma inadecuada.

En El Salvador hay un gran desafío para hacer efectivos los derechos de niñas y adolescentes a vivir una vida libre de violencia.

Hay que tener en cuenta que la familia es el primer agente socializador y el más determinante para el desarrollo y la formación de modelos y roles, pero también las comunidades educativas, así como las iglesias, tienen un rol fundamental para cambiar todos esos esquemas que discriminan a las niñas, a las adolescentes y a las mujeres, para construir una sociedad igualitaria y libre de violencia basada en género.

Es por ello que como Ciudad Mujer venimos trabajando para prestar una atención integral con calidad y calidez a las niñas y adolescentes bajo el sub programa Ciudad Mujer Joven, mismo que está siendo implementado en las sede de Ciudad Mujer San Martin y Usulután.

Trabajamos en la prevención de la violencia de género, para que las niñas y adolescentes conozcan y comprendan sus derechos, sepan identificar las formas de violencia de género y desarrollar habilidades para la vida, construyendo sus propios proyectos de vida.

Además, hemos trabajado un modelo comunitario de prevención de violencia de género, conocido como “Modelo M y H”, en el cual trabajamos con docentes, así como adolescentes hombres y mujeres, para cambiar la forma en que se interrelacionan y aquello que de discriminador tengan algunos comportamientos sociales.

Sin embargo, nos corresponde a todas y todos estar atentos ante la gravedad de la situación de violencia que está enfrentando nuestra niñez y adolescencia así como todas las mujeres del país, para trabajar juntos para prevenir y erradicar este fenómeno que tanto afecta a toda la sociedad.

Este Foro Nacional es una muestra que ustedes también están comprometidos a seguir construyendo el país que las niñas, los niños y adolescentes merecen.

Gracias nuevamente y tengan un feliz día.