Queridos amigos y amigas:

Me da mucha alegría que estemos aquí, jóvenes, adolescentes, personas mayores, reunidos en nuestro bello Teatro Nacional de El Salvador, en este evento que cierra las actividades conmemorativas del mes de las Personas Adultas Mayores.

Todas y todos nosotros somos importantes.  Para el Estado, todos los seres humanos tenemos derechos, simplemente por ser personas.

Bajo esta filosofía humanista basada en el reconocimiento de la dignidad humana, la ley y la ética establecen que todas las personas tenemos el mismo valor, ya seamos hombres, mujeres, niños, niñas o adolescentes; personas mayores, personas con discapacidad o personas de pueblos indígenas.

Sin embargo, y pese a la igualdad  que encontramos en las leyes, nuestra sociedad no promueve los derechos de todas las personas de la misma forma.  Tenemos la tendencia a dar prioridad a quienes nos parecen más importantes y a quienes cumplen con cierto ideal, dejando a un lado a quienes no lo cumplen.

Si se es persona mayor, con discapacidad, mujer, de pueblos originarios y de la diversidad sexual, se enfrenta por cada uno de estos aspectos una suma de discriminación que hace virtualmente imposible pensar en una vejez con calidad y respeto.

Poco a poco, hemos perdido el espíritu de cuidarnos, de querernos, de apoyarnos, y sobre todo, de respetarnos mutuamente, comprendiendo y valorando la diversidad humana, que da tanta riqueza a nuestras sociedades y culturas.

Después de muchos años de vivir en una visión neoliberal donde lo importante es apoyar a quien “produce”, entendido como lo masculino, sin discapacidad y  joven, hemos aprendido a desechar todo lo que sale de este concepto.

Esta situación, donde la responsabilidad de gobiernos de derecha ha sido directa, no puede continuar así. El destino y bienestar de las más de setecientas mil personas mayores no puede basarse en darles lo que sobra, bajo el argumento obscuro que ya no son productivas y que por tanto ya no valen.

Desde la creación de la Secretaría de Inclusión Social, reiteramos que las personas adultas mayores son valiosas porque son PERSONAS, porque son parte de nuestra ciudadanía y porque aportan mucho de lo humano y lo solidario que nuestra sociedad necesita.

Una sociedad no es solo juventud, no es solo la celeridad de un mundo vertiginoso, no es solo tecnología, no es solo velocidad y  aventura.

Una sociedad es la suma de personas diversas, donde cada una ve posible la realización de sus derechos.  Por lo tanto, tenemos el compromiso de buscarles una vida donde puedan realizarse con respeto y dignidad.

Este día presenciaremos la obra preparada por el grupo Teatro Nuevos Tiempos denominada “¿Para Cuándo?”, con el objetivo de sensibilizarnos sobre los derechos que hemos empezado a reconocer a las personas mayores y el sueño de un día verlos completamente realizados.

Desde ya les agradezco esta puesta en escena, por abonar a la construcción de un futuro mejor para nuestras personas mayores, pues desde siempre he estado convencida que las diferentes expresiones del arte, como es el caso del teatro, o la música, el cine, la fotografía –entre otros– son maravillosos instrumentos para sensibilizar, educar, romper paradigmas, crear conciencia y motivar al cambio positivo.

Quiero  además tomar un momento para agradecer a la Secretaría de Cultura de la Presidencia, en particular al Director y al personal del  Teatro Nacional, por facilitarnos este espacio, aun durante su proceso de restauración.

Además, agradecer a las personas referentes del Consejo de Atención Integral a los Programas del Adulto Mayor, por la coordinación y apoyos para la realización de esta actividad, y por supuesto a mis compañeras de la Dirección de Personas Adultas Mayores de la Secretaría de Inclusión Social.

Quiero hacer un especial reconocimiento a Ministerio de Educación, por facilitar que estudiantes de diversos centros escolares estén presentes hoy, lo cual es muy importante, ya que el reconocimiento y el respeto a los derechos de las personas mayores deben estar incluido en la educación desde la infancia y la adolescencia.

Finalmente, quiero extender un cariñoso saludo a las personas adultas mayores de este país.  Han sido numerosas sus muestras de cariño y solidaridad con mi persona en estos últimos meses, sobre todo en los momentos más difíciles.

Ellas y ellos me han reiterado su aprobación al trabajo que impulsamos desde la Secretaría de Inclusión Social.  Son sus muestras de cariño me llevan a decir que vamos en el camino correcto para impulsar un mejor país con más respeto e inclusión social para nuestros mayores.

Deseo que El Salvador pueda llegar a ser una verdadera democracia, donde ninguna persona mayor sufra discriminación; un país donde puedan  realizar sus sueños, con sus derechos garantizados, viviendo en su comunidad con el cariño y respeto de sus familiares y amigos.

Reitero mi compromiso para este sueño sea una realidad en los próximos años.

Muchas gracias.