Por Secretaria de Inclusión Social y Presidenta del ISDEMU, Vanda Pignato:

Amigas y amigos:

Es un placer darles una afectuosa bienvenida a nuestra sede de Ciudad Mujer Colón.

Me complace mucho más compartir esta mañana con ustedes, con motivo de la graduación de 44 docentes, de 17 centros educativos que han participado en este Plan Piloto del Proyecto denominado “Construcción de un Modelo de Promoción Comunitaria para la Prevención de la Violencia de Género”, en el cual han participado también, 2,394 estudiantes, entre hombres y mujeres.

Como ustedes saben, lamentablemente la violencia contra las mujeres ha sido y sigue siendo una constante en la vida de las salvadoreñas de todas las edades: niñas, adolescentes, jóvenes, adultas y ancianas, sufren a diario de distintos tipos de violencia, incluidas la física, psicológica, sexual, económica y hasta la simbólica.

En el caso de la niñez y la adolescencia, dos de las más predominantes son la violencia psicológica, incluida la verbal, y la sexual, incluido el acoso, el estupro y la violación.

Los datos estadísticos nos indican que de los casos de violencia sexual denunciados, el 72% han sido cometidos contra niñas y adolescentes entre los 10 y los 19 años de edad y que por lo general han sido realizados en las casas y centros escolares, y por parte de personas dentro de su entorno familiar, escolar y social.

Por supuesto, ustedes como docentes saben que la victimización constante de estas niñas y adolescentes, tiene un impacto nefasto no sólo en su calidad de vida presente, sino también en sus perspectivas a futuro, con consecuencias potencialmente graves, capaces de truncar todas sus posibilidades de desarrollo.

Esa es la dolorosa realidad de miles de niñas, adolescentes y jóvenes no sólo en nuestro país, sino en toda la región y el mundo.

Sin embargo, que esa sea la realidad histórica no quiere decir que debamos aceptarla o asumirla como imposible de cambiar.

Lo que en verdad significa es que debemos tomar mayor conciencia de la necesidad de abordar de forma más eficaz este problema, a través de mecanismos innovadores que sean capaces de transformar positivamente la cultura, promoviendo la participación social y con el fin de asegurar el goce de los derechos humanos de las niñas, los niños y las personas adolescentes.

Y eso es, precisamente, lo que hemos pretendido lograr con este proyecto: construir con la comunidad educativa y con las y los adolescentes, un modelo de educación para la prevención de la violencia de género, capaz de influir en el cambio de actitudes, comportamientos y normas sociales, para erradicar la discriminación basada en género.

Pero aquí quiero hacer otro énfasis: la ventaja de la estrategia que hemos seguido, al implementar el Programa H y M, elaborado por Promundo, ECOS y el Instituto Papai, de Brasil, y adaptarlo a El Salvador, lo que permite diseñar procesos formativos dirigidos no sólo a mujeres sino también a hombres jóvenes.

Y es que en realidad, cuando hablamos de violencia de género por lo general nos enfocamos en el impacto y la atención a las niñas y mujeres.

Lamentablemente tendemos a olvidar que la violencia de género también afecta a los niños, los adolescentes y los hombres de todas las edades.

Es innegable que la exposición a la violencia de género tiene un impacto negativo en la vida y el desarrollo de los niños y adolescentes. Basta con que sean testigos recurrentes de la violencia ejercida contra sus madres, por ejemplo, para considerar que son víctimas también.

Pero además, crecer y ser educados en entornos en donde la desigualdad y la discriminación contra las mujeres es una constante; y en los que en el ejercicio del poder y la violencia se naturaliza, los impulsa a someterse a estereotipos que los limitan y que, en muchas ocasiones, los convierte también en agresores, coartando su desarrollo moral integral.

Por eso insistimos: la lucha por la erradicación de la violencia de género y el trabajo por la igualdad y la equidad es un asunto que compete no sólo a las mujeres, sino a los hombres también.

Como he insistido siempre, si como país queremos cambiar radicalmente esta trágica realidad, debemos apostar a la juventud y a la educación, y los centros educativos son uno de los espacios más importantes para la formación de una conciencia crítica, creativa y constructiva, basada en los valores de la justicia, la igualdad en los derechos, el respeto a la diversidad y la solidaridad humana.

Es fundamental que estas generaciones aprendan una nueva forma de que hombre y mujeres se relacionen entre sí, y que esté basada en el respeto absoluto.

La labor que realizan ustedes, queridas maestras y maestros es grande: tienen en sus manos muchas generaciones de salvadoreños y salvadoreñas.

Tienen en sus manos, entonces, la oportunidad de sembrar la toma de conciencia y de promover la construcción de imaginarios diferentes de lo que es ser hombre y ser mujer.

Los maestros y maestras, en conjunto con las familias, pueden contribuir a que las niñas y las jóvenes lleguen a ser mujeres actoras de su propio destino, y que los niños y los jóvenes se sumen al compromiso de transformar lo que de injusta y machista tenga nuestras costumbres y cultura.

Como ven, es una tarea de todas y todos. Y consientes de eso, diversas instituciones y personas se han sumado a este esfuerzo, a quienes quiero agradecer profundamente:

–       En primer lugar, al Gobierno de Japón, por proveer el financiamiento a través de un fondo de cooperación no reembolsable;

–       A nuestros aliados y aliadas del Banco Interamericano de Desarrollo, por hacer posible esta Asistencia Técnica;

–       Al Ministerio de Educación, a través de las diferentes autoridades, oficinas, centros escolares y personal participantes;

–       A la Dirección General de Estadísticas y Censos, con su equipo técnico, por facilitar la realización de la línea base y la evaluación de impacto;

–       A mis queridas compañeras del ISDEMU, por su valioso trabajo durante todo el proceso;

–       A las consultoras y consultores que han dado un aporte valioso;

–       A ustedes, amigas y amigos, directoras, directores y docentes de los centros escolares participantes, que seguirán trabajando con las y los adolescentes;

–       Y por supuesto, a mi maravilloso equipo de trabajo de la Secretaría de Inclusión Social: a Rosibel Flores, nuestra Supervisora del Módulo de Educación Colectiva;

–       A Bárbara Romero, directora de esta sede, y a las compañeras de la unidad territorial de Ciudad Mujer Colón.

Gracias en verdad.

Pero sabemos que esto no concluye aquí, así que les animo a continuar trabajando para construir una nueva sociedad, en la cual hombres y mujeres vivamos libres de violencia de género y en condiciones de igualdad.

Si lo hacemos en conjunto, lograremos lo que nos merecemos: un país en paz, justo y más digno para todas y todos.

Muchas gracias.