Por Secretaria de Inclusión Social, Vanda Pignato:

Buenos días!

Sean bienvenidas y bienvenidos a este taller denominado “Formación de Formadores para Cuidadores Familiares”, el cual es el resultado de una alianza de cooperación conjunta entre:

– La Secretaría de Inclusión Social,

– La Asociación de Parkinson de El Salvador,

– La Red Iberoamericana Intergubernamental de Cooperación Técnica,

– El Instituto de Mayores y Servicios Sociales de España, y

– El Centro Cultural de España.

Y por qué es importante realizar este taller que hoy inauguramos? Bueno, sabemos que la sociedad salvadoreña ha cambiado muchísimo en los últimos treinta años.

Antes, era común ver a familias numerosas o extendidas, en donde tenían cabida primos, tíos y tías, familiares lejanos, e incluso padrinos y madrinas o amigos.

En ese contexto, existía poca conciencia del Estado sobre el tema de cuido a mayores, no solo por el hecho de una reducida expectativa de vida de alrededor de cincuenta años, sino porque, al igual que en otros temas sobre las relaciones internas familiares, se consideraba un “asunto de familia” todo lo relacionado al cuido y protección de esta población.

En esas concepciones de antaño, si una persona mayor tenía una enfermedad que le implicara atenciones permanentes, estas eran atendidas por la misma familia.

En muchos casos, alguno de sus miembros abandonaba todo plan de vida propio para asumir el rol de cuido en nombre de toda la familia, mientras los demás miembros apoyaban eventualmente o proveían algún sustento económico.

Con el Censo de Población y vivienda del año 2007, se reconoce por primera vez los cambios en las estructuras familiares: familias más nucleares y desarticuladas de los parentescos lejanos, menos hijos, mayor movilidad de la población joven, aumento de jefaturas de mayores y menos redes de apoyo informal –de familiares y amigos- para el cuido de la población mayor.

Y si bien la realidad indica que cada vez es más complejo el cuido de personas mayores con dependencia por parte de sus familiares, predomina el fomentar que las personas mayores estén en su comunidad y que sean las familias quienes cuiden.

En nuestra cultura, la mayoría de las familias intentan el realizar el cuido de sus mayores en casa, antes de pensar en la búsqueda de cuidos de profesionales o más aún, en el traslado de sus familiares a un hogar para atención especializada.

Los servicios profesionales además,  siguen siendo tremendamente onerosos para la población, por lo que es bastante frecuente que algunos familiares prefieran cuidar como puedan, sin tener formación o idea de lo que puede llegar a implicar.

Ser un familiar que cuida a un mayor no es fácil; generalmente se asume una tarea para la que no hay preparación previa, la cual no se ha escogido voluntariamente y donde no hay horarios, vacaciones, ni remuneraciones.

Adicionalmente, cuando existe un deterioro, existe por parte del cuidador una sensación de impotencia y frustración, así como un sentido de culpa por no estar a la altura de una situación de lo rebasa.

Esta tarea tiene un costo emocional elevado.  Aun después del fallecimiento de la persona mayor, el familiar debe lidiar con las secuelas por tratar de comprender si debía haber hecho otras cosas para evitar el deterioro o la muerte de su mayor.

¿Hay un perfil de cuidador familiar?  En muchos estudios se ha identificado a las mujeres arriba de los cuarenta años como las principales cuidadoras.  Esto resulta relevante si pensamos desde la perspectiva de género.

Nuestra sociedad sigue alimentando la idea que la mujer debe ser la eterna cuidadora, antes de su pareja, luego de sus hijos y después de sus padres.  No es extraño encontrar mujeres adultas mayores de sesenta y tantos años cuidados a sus progenitoras de más de ochenta.

En estos escenarios, cada uno con sus propias complejidades, ha existido un elemento común: La falta de formación del cuidador para emprender mejor las tareas de cuido.

En ese sentido, como Estado debemos hacernos una pregunta: ¿tenemos algún tipo de responsabilidad en este escenario? Mi respuesta es sí.

Si bien las familias, cuando las hay, siguen teniendo un rol importante con mayores, el Estado es quien en principio, debe impulsar programas y políticas que garanticen el bienestar de su población mayor.

Es así que el Estado si tiene una responsabilidad directa de desarrollar mecanismos para fortalecer a las familias en su rol de atención y cuidados de sus mayores.

En el pasado, muchas familias fueron dejadas a la deriva, sin información ni guía que les diera alivio.

Las familias, en muchos casos, han hecho lo mejor que han podido sin apoyos y con el constante ojo crítico de la sociedad.

Es por ello que como Secretaría de Inclusión Social queremos impulsar un programa nacional de atención a los cuidadores familiares, donde las personas que reciban este curso juegan un papel preponderante, como facilitadores para trabajar con familias cuidadoras.

En el marco del Programa Nuestros Mayores Derechos, iniciamos un proyecto piloto en los municipios de Guaymango, Santo Domingo de Guzman y Caluco, para desarrollar cursos con cuidadoras familiares.

Al principio comenzamos solo con unas cuantas mujeres y al final se triplicaron y pidieron que siguiéramos el esfuerzo.

Ahora estamos trabajando en doce escuelas de San Salvador con estos cursos y aunque el comienzo ha sido pequeño, esperamos que a medida las personas reciban, vaya creciendo la demanda de los mismos.

Sabemos muy bien que las familias desean cuidar lo mejor posible a sus mayores, y es para estas familias que estamos abriendo una puerta para que puedan no solo acompañar mejor a su mayor, sino además que puedan cuidarse a ellas mismas.

Quiero felicitarles desde ya por este esfuerzo y agradecer en primer lugar a la Red Iberoamericana Intergubernamental de Cooperación Técnica y al Instituto de Mayores y Servicios Sociales de España por apoyarnos nuevamente en los esfuerzos que como país estamos desarrollando para mejorar los servicios y situación de las personas mayores salvadoreñas.

Vale decir que fue hace tres años que ustedes vinieron por primera vez a apoyarnos con la redacción del documento conceptual del Diplomado de Gerontología Social y gracias a la formación de los profesionales desde entonces, es que se han continuado esfuerzos como estos para continuar mejorando nuestra comprensión del envejecimiento.

También quiero saludar muy efusivamente a la Asociación de Parkinson de El Salvador, quienes con tenacidad y empuje han venido impulsando numerosos esfuerzos para atender a las personas con esta enfermedad y a sus familias.

Reitero mi interés de seguir asociándonos para trabajar en pro de la población adulta mayor y particularmente por las que tienen padecimientos que les generan dependencia.

Finalmente, quiero agradecer al Centro Cultural de España y al gobierno de ese país, por sumarse a este esfuerzo.

El Centro Cultural no es solo un espacio abierto para que los y las salvadoreñas puedan tener un canal de expresión artística y cultural, es también un aliado clave para buscar la transformación de la sociedad.

Creo firmemente en la suma.

La suma de todas y cada una de nuestras instituciones es la clave para ir rompiendo paradigmas y para dar a las personas mayores el respeto y dignidad que como seres humanos merecen.

Espero que de este esfuerzo surjan nuevas iniciativas en beneficio de las personas adultas mayores de nuestro país.

Muchas gracias.