Por Secetaria de Inclusión Social y Presidenta del ISDEMU, Vanda Pignato:

Buenos días a todas y todos:

“La violencia fue una llamarada que avanzó por los campos de El Salvador. La violencia todo lo convertía en destrucción y muerte…”.

Eso fue lo que señaló el Informe de la Comisión de la Verdad para El Salvador, al cumplir el mandato establecido en los Acuerdos de Paz.

Tal frase resume, de manera acertada, aunque muy dolorosa, la realidad que vivió el pueblo salvadoreño durante la época de la represión y del conflicto armado.

Pero como bien sabemos, las guerras y la violencia represiva impactan de forma diferenciada a hombres y mujeres, como bien consideró el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en la Resolución 1325 sobre “Mujer, Paz y Seguridad”, son precisamente las personas civiles, y particularmente las mujeres, los niños y niñas, quienes constituyen la inmensa mayoría de los que se ven perjudicados por los conflictos armados y en el caso de El Salvador, esto no fue una excepción.

Sin embargo, como en otros ámbitos, las mujeres víctimas hemos quedado ocultas y no se ha reconocido adecuadamente en los procesos para el acceso a la verdad y a la justicia.

Por eso es importante rescatar su voz, sus historias de vida, su sentir y su querer. Y eso es lo que queremos hacer al presentar “La Memoria de las Luciérnagas”.

Así, en el mes de la No violencia contra las mujeres, y a las puertas de un nuevo aniversario, este día nos reunimos para hacer un homenaje a todas aquellas niñas y mujeres a quienes arrebataron la vida en las masacres ocurridas en los cantones El Mozote, El Pinalito, Ranchería, Los Toriles, Jocote Amarillo, La Joya, Cerro Pando, Cerro Ortiz, y lugares aledaños, durante los oscuros días del 10, 11 y 12 en diciembre de 1981.

Pero también queremos hacer un homenaje a aquellas mujeres sobrevivientes, portadoras del conocimiento y la verdad, quienes siguen buscando justicia para ellas y sus familiares.

Este aberrante hecho, conocido como la “Masacre del Mozote y lugares aledaños”, puso de manifiesto una vez más un patrón de violencia contra las mujeres, pues en su mayoría, las víctimas fueron mujeres, niñas y niños.

Esto nos muestra cómo la violencia sistematizada descarga en el cuerpo de las niñas y las mujeres, sus más crueles expresiones.

Las violaciones sexuales masivas y el exterminio constituyen la extrema violencia de la fuerza masculina y la dominación en contra de las mujeres, por lo que son y lo por lo que representan en la sociedad y sus imaginarios.

En el caso de la Masacre del Mozote, la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos estableció que las violaciones fueron perpetradas en el transcurso de un operativo militar, en el cual las mujeres se hallaban sujetas al completo control del poder de agentes del Estado y en una situación de absoluta indefensión.

Por más de treinta años, este crimen permaneció oculto, impune, negado y en el olvido de gobiernos anteriores.

Esto cambió a partir del año 2009, pues no podemos ni debemos olvidar a todas esas mujeres, niñas y niños inocentes que tan cruelmente fueron torturadas y asesinadas.

El 16 de enero de 2012, con ocasión del 20º Aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz, el Presidente de El Salvador, Señor Mauricio Funes, en nombre del Estado Salvadoreño, pidió perdón por la masacre, por las aberrantes violaciones de los derechos humanos y por los abusos perpetrados.

Aunque estamos conscientes que no basta con pedir perdón, y que no podemos borrar el dolor de todas las familias que hasta ahora todavía sufren a sus seres queridos que desaparecieron en aquellos temibles días de diciembre de 1981, el pedido de perdón fue una expresión de compromiso para resarcir moral y materialmente, a los familiares de las víctimas.

Como se dijo en aquella ocasión, ese pedido de perdón era un acto de responsabilidad ante el pueblo salvadoreño y ante la historia, porque en la medida en que se reconoce la verdad y se actúa con justicia, se construyen las bases de la paz y la convivencia.

Hoy en día como Gobierno, seguimos trabajando para lograr esa justicia tanto para las niñas y mujeres que fallecieron como para las sobrevivientes.

Desde el ISDEMU estamos trabajando para que estos hechos no queden en el olvido y evitar que se repitan en el futuro.

Con la reconstrucción de la memoria de las historias de las mujeres a las que hoy rendimos este homenaje develamos lo que sucedió en relación a los asesinatos y violaciones delas niñas y las mujeres.

Con la presentación del libro y documental “La Memoria de las Luciérnagas” develamos la historia, vista desde la experiencia de las mujeres.

Este documental aporta una perspectiva de análisis que permite comprender que la violencia contra las mujeres es estructural, es violencia de género, es resultado de relaciones desiguales de poder.

Este proceso de reconstrucción de la memoria representa la expresión de realidades construidas colectivamente. En este caso, el proceso otorga sentido y significado a la experiencia de las mujeres en el centro de la historia.

Trazamos sus voces debido a la necesidad de dar a conocer a las nuevas generaciones la verdad, el entendimiento de su realidad para garantizar la transformación y la construcción de una sociedad justa y democrática.

Los testimonios son las voces que demandan el reconocimiento de las cicatrices que las masacres de El Mozote, El Pinalito, Ranchería, Los Toriles, Jocote Amarillo, La Joya, Cerro Pando, Cerro Ortiz, y lugares aledaños, tienen para cada una de ellas.

En este homenaje, el Gobierno reconoce a las víctimas sobrevivientes de la masacre que, de forma valiente y ejemplar, rindieron su testimonio permanentemente en sus propias comunidades, ante las organizaciones de Derechos Humanos, en la sede judicial y ante la prensa nacional e internacional, haciendo prevalecer finalmente la verdad de tan trágicos sucesos que fueron penosamente negados por el Estado salvadoreño en el pasado.

Particular reconocimiento expresa el Gobierno, a la señora Rufina Amaya, sobreviviente del caserío El Mozote, quien con su lucha se erigió en símbolo de la verdad en el presente caso.

Igualmente a los señores Pedro Chicas Romero, Juan Bautista Márquez, Antonio Pereira, Teófila Pereira, María Dorila Márquez y muchas otras personas que han rendido su testimonio durante tantos años.

En similar sentido, reconocemos la admirable labor en la defensa de los Derechos Humanos de las víctimas en el presente caso, que ejerció la Doctora María Julia Hernández Chavarría, Directora de Tutela Legal del Arzobispado, con el respaldo del señor Arzobispo de San Salvador, Monseñor Arturo Rivera Damas, quienes acompañaron la lucha por la verdad y la justicia en este caso.

Y en muchos otros similares ocurridos durante el conflicto armado interno salvadoreño, hasta el final de sus vidas, siendo ambos voz y acción de esperanza para las víctimas y cuyo legado humanista trasciende en la sociedad salvadoreña hasta el día de hoy.

Y a todas aquellas mujeres sobrevivientes que valientemente rindieron su testimonio para que la verdad fuera conocida y pudiéramos decir:

El Mozote, Nunca más!

Muchas gracias.