QUERIDOS AMIGOS Y AMIGAS:
Me siento muy feliz de estar compartiendo con ustedes la entrega de diplomas por haber recibido el curso de cuidadores familiares.

Una parte importante de los derechos humanos de las personas adultas mayores, es contar con los apoyos y redes de personas que puedan garantizarles una vida digna. Esta realidad es todavía más palpable cuando esa persona mayor tiene una discapacidad tan severa, que requiere que las cuiden y asistan en todas sus actividades.

En los países más avanzados y con más recursos, la actividad de cuido es cubierta por una serie de instituciones. Los servicios profesionales de cuidados son, en estas sociedades, una parte importante de la seguridad, tanto como las pensiones o los servicios de salud.

Sin embargo, tanto en El Salvador como en el resto de países de Latinoamérica, nuestros sistemas de cuidados profesionales siguen siendo insipientes o precarios. Todavía nos falta dar un salto cualitativo donde podamos ofrecer servicios de trabajo social o enfermería a cualquier persona que los requiera por estar en una situación de discapacidad y dependencia.

Si bien no todas las personas mayores requieren este tipo de cuidados, la realidad es que el futuro aparece muy claro: en la medida que las personas mayores aumenten en porcentaje y en esperanza de vida, mayor relevancia tomarán el contar con este tipo de servicios.

Mientras eso sucede, debemos preguntarnos: ¿cómo se suplen las necesidades de cuidados?; ¿quienes realizan estas tareas?, y sobre todo, ¿estamos siendo responsables como Estado de las personas que ejercen el rol de cuidadores?

Sobre la primera pregunta, debemos abandonar el mito de equiparar vejez con discapacidad. De acuerdo a nuestros datos nacionales, de 800 mil personas mayores, alrededor de 120 tienen algún tipo de discapacidad y presumiblemente dependencia. Del total de esta población. Solo un 15% presenta necesidades especiales de cuidados. Sin embargo, debemos entender que la población con ochenta años y más, la cual es la de crecimiento más acelerado, tiene necesidad de apoyos debido a su fragilidad.

En este contexto, debemos reconocer que el mayor trabajo de cuidados lo sigue haciendo la familia de forma gratuita, pese a su dispersión y reducción. Ahora, muchos hijos e hijas migran por razones de trabajo o violencia, dejando en una situación más difícil a las personas mayores, o dejando la tarea de cuidados solo a una o dos personas.

Dentro de la familia que cuida, sin embargo, no todas las personas tienen los mismos roles. Esto nos lleva a tratar de responder la segunda pregunta: ¿Quién cuida? Pues generalmente lo hacen las mujeres, esto debido a los patrones de machismo, que siguen haciendo a las mujeres las únicas responsables de estas tareas.

Estas mujeres, cuyas edades oscilan entre los 45 y 65 años, son además esposas, madres, nueras, trabajadoras. Son mujeres a quienes muchas veces les toca enfrentar solas la crianza de los hijos, ser jefas y proveedoras de hogar y cuidadoras de todo su grupo; enfrentando esta tarea sin apoyos de ningún tipo, y sin ningún reconocimiento, valoración o remuneración. Esta es otra realidad donde las mujeres son perjudicadas por los roles que les son impuestos desde un sistema de valores patriarcales.

Es a estas mujeres valientes, a estas verdaderas guerreras, a quienes queremos dedicar el acto de este día. No se trata solamente de entregar un diploma. Se trata de decirles que pueden contar con nosotras, que las comprendemos y que les admiramos por llevar adelante la tarea enorme de cuidar a una persona mayor con dependencia.

Y para los caballeros que también reciben su diploma hoy, quiero hacer público mi reconocimiento hacia ustedes por romper el paradigma que los cuidados solo los pueden brindar las mujeres. Ustedes demuestran que también hay muchos hombres responsables que son capaces de prodigar cuidados con amor.

Muchas veces nos ha tocado cuidar a alguien, pero cuando se trata de una persona que nos ha acompañado toda nuestra vida. Pero cuando esta persona padece una enfermedad o situación que empeora, no solo se trata de asumir los cuidos básicos; sino que sufrimos y lloramos las penas de la persona cuidada.

También sabemos que cuando una persona mayor en estas circunstancias, finalmente fallece, una parte de ella muere también en su cuidador o cuidadora.

No es una tarea fácil, pero cuando se hace con amor, con abnegación y sin interés, puede darnos un sentido de orgullo y de paz, por haber cuidado a alguien que amamos cuando más nos necesita.

Es por todo esto, que entendemos que existe una necesidad real de toda persona cuidadora, de ser capacitada y atendida. Este curso de cuidadores familiares, busca que ustedes adquieran competencias básicas de cuidado y que también, puedan conocer otras personas con quienes compartir ideas e incluso formar nuevas redes de apoyo.

Finalmente, quiero reflexionar sobre la ultima pregunta que hemos hecho este día: “¿estamos siendo responsables como Estado de las personas que ejercen el rol de cuidadores?

Quiero responder esta pregunta con dos noticias que son una alegría personal: la primera es que contamos con una política pública para la persona adulta mayor, lanzada por el señor Presidente de la República en octubre de este año, donde por primera vez se reconoce en un instrumento del Estado que los cuidados deben ser parte integral de los servicios que debemos ofrecer a las personas mayores.

La segunda noticia es que hace dos semanas, la asamblea Legislativa ratificó la Convención para la Protección de los Derechos de las Personas Mayores de la OEA, donde claramente se reconoce que los Estados deben proveer entre sus servicios de salud, apoyos para los cuidadores familiares y un sistema de cuidados.

Estos instrumentos, constituyen no solo un legado para las futuras generaciones, sino además un compromiso vital para que el Estado Salvadoreño comience a incluir en su agenda pública un sistema de cuidados que permita atender apropiadamente a las personas adultas mayores y a sus familias en temas de cuidados.

Y si bien falta mucho por hacer, hay un claro camino de seguir avanzando en consolidar servicios que permitan visitas de profesionales de cuidados en casa, espacios de respiro para los familiares y centros especializados para que la persona pueda ser cuidada durante el día y luego pueda compartir con su familia en la noche, sin perder su vínculo con la comunidad.

Sabemos que queda mucho por hacer, pero hace siete años veíamos imposible tener una convención de derechos humanos, o contar con una política seria en la materia. Hace siete años nos dijeron que era una locura dar pensión universal a las personas mayores, o que era un desperdicio ofrecer servicios de salud sexual y reproductiva a mujeres mayores.

Siete años después, no solo ofrecemos estos programas a las personas mayores, sino que nadie cuestiona que se hace lo correcto y cada vez más, las mismas personas mayores piden otras justas reivindicaciones de sus derechos.

Es por ello que quiero pedirles que no desistamos, que sigamos adelante con el mismo impulso de los últimos años. Debemos seguir luchando para que los beneficios que con tanto sacrificio se han logrado, no se pierdan por el arbitrio de cualquier gobernante.

Quiero agradecer a todas las personas que estuvieron involucradas en este proyecto, como son las hermanas del Hogar Narcisa Castillo, las compañeras y compañeros de INPEP, las compañeras de la PDDH, a las capacitadoras de ANES y por supuesto, mis compañeras de la Dirección de Personas Adultas Mayores de la SIS.

También quiero reiterar mi agradecimiento al gobierno de Taiwán por apoyar este esfuerzo, que sin duda contribuye a mejorar al dignidad, el trato y el ejercicio de derechos de nuestras personas mayores.

Como Secretaria de Inclusión Social, reitero mi compromiso de seguir adelante, abriendo cada vez mas el camino hacia el respeto y la inclusión plena de todas las personas adultas mayores de El Salvador