Por Secretaria de Inclusión Social, Vanda Pignato:

Señoras y señores:

Es un alto honor participar, en representación del Señor Presidente de la República, profesor Salvador Sánchez Cerén, en la inauguración de este evento tan importante: la sexta Conferencia Regional de la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM).

Permítanme, en nombre del Gobierno de El Salvador, dar a las representantes de las organizaciones de mujeres de toda América y el Caribe, la más sororaria bienvenida a este país, que desde el año 2009 ha demostrado el más alto y real compromiso por avanzar en el adelanto de los derechos de todas las mujeres.

Por eso nos complace que esta conferencia regional se desarrolle en El Salvador, pues sabemos que eso constituye un reconocimiento a los esfuerzos que, día a día, las organizaciones feministas, las organizaciones de mujeres y el Gobierno, realizamos para avanzar en el logro de la igualdad sustantiva entre los géneros, el empoderamiento de las mujeres y el goce de una vida libre de violencia.

Dado que entre los objetivos de esta sexta conferencia se encuentra valorar e intercambiar experiencias sobre los avances y obstáculos en el cumplimiento de la Plataforma de Acción de Beijing, permítanme compartir con todas ustedes la experiencia de El Salvador, el país de América más pequeño en territorio, pero que gracias a las nuevas políticas impulsadas a favor de las mujeres, se está convirtiendo en un importante referente para demostrar que el adelanto de las mujeres es posible, y que cuando se invierte en nosotras, se invierte en el desarrollo de toda la sociedad.

El Salvador ha realizado importantes acciones para cumplir con los compromisos adquiridos en la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, siendo los más significativos las implementadas a partir del año 2009, cuando el país adoptó el enfoque de derechos humanos en el diseño y ejecución de sus políticas públicas.

En ese sentido, sin temor alguno, puedo asegurar que en los últimos 5 años El Salvador está avanzando a un ritmo más acelerado, que en las últimas 5 décadas. Sino, vean ustedes mismas:

Contamos ya con la aprobación y entrada en vigencia de la Normativa Nacional para la Igualdad Sustantiva, a través de dos leyes:

  • la Ley Especial Integral para una Vida Libre de Violencia para las Mujeres, y
  • la Ley de Igualdad, Equidad y Erradicación de la Discriminación contra las mujeres.

Tanto estas leyes, como la Política Nacional de las Mujeres, incluyen las principales las esferas de preocupación de la Plataforma de Acción de Beijing.

La normativa antes mencionada impulsó la creación y funcionamiento de dos mecanismos de coordinación interinstitucionales, que garantizan a aplicación de ambas leyes.

En primer lugar, y en cumplimiento a la Ley Especial Integral para una Vida Libre de Violencia para las Mujeres, hemos implementado la Comisión Técnica Especializada, integrada por las personas titulares de las instituciones estatales competentes.

Esta Comisión tiene, como principal objetivo, el garantizar la operativización de la Ley, así como la creación de la Política Nacional para el Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.

Por otra parte, El Salvador cuenta con otro importante mecanismo: el Sistema Nacional para la Igualdad Sustantiva, como un instrumento de gestión pública, responsable de asegurar el cumplimiento de la Ley de Igualdad, Equidad y Erradicación de la Discriminación contra las Mujeres, y del Plan Nacional de Igualdad, Equidad y No Discriminación  para las Mujeres Salvadoreñas.

Este Sistema es coordinado por el Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU), ente rector de todas las políticas de las mujeres, y desarrolla funciones de coordinación entre las instituciones, para el diseño, ejecución y evaluación de políticas públicas que garanticen la igualdad sustantiva.

Hemos implementado también, un Sistema de Monitoreo y Evaluación que facilita el seguimiento, monitoreo y evaluación de los avances, a través de la integración de indicadores de género, así como de la recopilación, análisis y publicación de información estadística y estudios para la generación de conocimientos y la orientación para la adopción de decisiones políticas.

Finalmente, el Sistema cuenta con una estrategia de Gestión Territorial para la Igualdad, a través de los Gabinetes de Gestión Departamental y los Gobiernos locales.

Por otra parte, me complace mencionar que mi país creó el “Comité Nacional de Implementación de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y resoluciones subsiguientes que sean adoptadas en tema de mujeres, paz y seguridad”, con la participación del más alto nivel político y ciudadano, orientado a proponer políticas y normas que aseguren el cumplimiento de dichas resoluciones y velar por que se aumente la representación de la mujer en todos los niveles de adopción de decisiones de las instituciones y mecanismos nacionales, regionales, e internacionales para la prevención, la gestión y la solución de conflictos.

El Salvador es, después de Chile, el segundo país en América que asume de esta forma un compromiso concreto, adoptando la Resolución 1325 como una herramienta para superar las vulnerabilidades de las mujeres frente a las situaciones de violencia, inseguridad y conflictos armados.

Además, hemos estado empeñadas en superar la profunda desigualdad que persiste en la participación política y ciudadana de las mujeres respecto de la de los hombres.

Como en el resto de países de la región, aún hay una brecha muy grande entre la representación masculina y la femenina en los más altos niveles de toma de decisión.

Lo anterior significa que el poder político sigue siendo masculino, pese a que las decisiones que adoptan afectan al porcentaje más alto de la población, constituida por mujeres.

Precisamente, y tal como se reconoció en la “Resolución sobre la Participación de la Mujer en la Política”, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, las mujeres seguimos sufriendo discriminación y marginación de la esfera política en todo el mundo, dado que nos enfrentamos a diversas barreras que imposibilitan, o por lo menos dificultan, nuestra participación plena, en equidad e igualdad, en el ejercicio del poder.

Se trata de barreras impuestas por leyes, estructuras, pero también costumbres, actitudes y estereotipos discriminatorios.

En el caso particular de El Salvador, hemos desarrollado algunas estrategias que buscan garantizar, proteger y promover los derechos de las mujeres a la participación ciudadana y política. Compartiré las más importantes, por razones de tiempo:

  • La Asamblea Legislativa aprobó, en 2013, la Ley de Partidos Políticos, la cual define que todos los partidos políticos deberán integrar sus planillas para elección de Diputados a la Asamblea Legislativa, Parlamento Centroamericano y miembros de los Concejos Municipales, al menos con un treinta por ciento de participación de la mujer.
  • A nivel organizativo, se han creado 14 Consejos Consultivos y de Contraloría Social, uno por cada departamento del país.

Estos Consejos Consultivos y de Contraloría Social son instancias de articulación territorial, orientadas a la participación ciudadana de las mujeres desde su condición y posición, para incidir y proponer en la toma de decisiones para la exigencia y el cumplimiento de sus derechos a nivel departamental.

Además, contamos con 231 Consejos Consultivos a nivel municipal, con la participación de casi 9 mil mujeres lideresas representantes de diferentes cantones, comunidades y caseríos que conforman cada uno de esos municipios.

Este mecanismo de participación ciudadana de las mujeres ha dado varios resultados. Uno de los más significativos lo constituyó la elaboración consensuada del “Pacto de Derechos Civiles y Políticos de las Mujeres Defensoras de sus Derechos”, el cual fue suscrito en marzo del año 2014.

Posteriormente, y gracias al diálogo con el Gobierno, el Estado Salvadoreño recibió y da seguimiento, a través del Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer, a la “Plataforma de derechos civiles y políticos de las Mujeres Defensoras”.

Adicionalmente contamos con una “Guía para la Igualdad y No Discriminación en las Campañas Electorales” como una herramienta práctica, dirigida a los Partidos Políticos, con el objetivo de fomentar la participación de las mujeres en las de elección popular.

En la misma línea de lograr los mayores avances para la igualdad sustantiva y el empoderamiento de las mujeres, El Salvador ha creado y puesto en marcha un innovador programa, que constituye una experiencia exitosa y replicable en cualquier país del mundo.

Me refiero al Programa “Ciudad Mujer”, que implementamos desde marzo de 2011 y que muchas de ustedes conocieron directamente ayer, en nuestra sede de San Martín.

Ciudad Mujer es una respuesta que, basada en un enfoque de género y de derechos humanos, puede ayudar al desarrollo sostenible de los países.

Se trata de un espacio exclusivo para las mujeres en el cual se brindan servicios especializados, con calidad y calidez, en cuatro ámbitos vitales:

  • La primera es la prevención y atención a las víctimas de violencia de género, con inmediata asistencia policial, legal y psicológica;
  • La segunda corresponde a la atención en salud sexual y reproductiva, con énfasis en la prevención del cáncer de mama y cérvico uterino, así como en el cuidado oportuno a las mujeres embarazadas y sus hijos.
  • En tercer lugar, el desarrollo de la autonomía económica de las mujeres, a través de la formación profesional y la promoción del trabajo productivo y remunerado, reconociendo que sólo cuando las mujeres participen de las bondades del desarrollo económico, podrán gozar de todos los demás derechos que les corresponden;
  • En cuarto lugar, la educación comunitaria, a fin de cambiar los estereotipos discriminatorios, y lograr que las mujeres conozcan y demanden sus derechos.

Pero Ciudad Mujer es, ante todo, el factor que ha desencadenado la toma de conciencia de las mujeres acerca de su propia valía, de sus derechos y de que ya no están solas en la lucha por la conquista de esos derechos.

En apenas 4 años de funcionamiento, y con 6 sedes hemos atendido a más de 745 mil mujeres, quienes han recibido ya más de 2 millones de servicios.

El reconocimiento nacional e internacional, pero sobre todo, el ser testigas de los cambios en las vidas de las mujeres, nos dan la confianza que vamos por el buen camino, pero nos imponen el desafío de no desviarnos de la senda y de avanzar hacia la perfección del modelo.

Estos son sólo algunos de los esfuerzos que estamos desarrollando. Por supuesto, se requieren muchísimos más para que los avances sean más rápidos y efectivos.

Tanto los gobiernos como la sociedad civil, debemos realizar todos los esfuerzos para facilitar las oportunidades para que las mujeres se empoderen de sus derechos, obtengan su autonomía económica y accedan, se mantengan y progresen en los espacios de participación ciudadana y política.

Como ya sabemos, queridas amigas, nadie nos va a regalar esto y estamos conscientes de que aun tenemos un largo y arduo camino pero si no lo transitamos nosotras, en la vanguardia, no habrá cambios profundos.

Somos las mujeres quienes debemos construir esos caminos, para que no haya nada para nosotras, sin nosotras, sabedoras de que el trofeo que alcanzaremos no es más ni menos que una vida más justa, igualitaria y libre de violencia para todas.

Por eso felicito particularmente el esfuerzo que hacen todas las organizaciones de mujeres y organizaciones feministas en esta lucha, y les deseo los mayores éxitos en esta Conferencia Regional, que además sirve para celebrar el 75 aniversario de la FDIM.

Queridas amigas: que el ejemplo de lucha de esas dos grandes mujeres, a quienes se conmemora hoy en esta Conferencia: Vilma Espín y Mélida Anaya Montes, nos continúe inspirando para ser, cada vez más, actoras y constructoras de nuestros propios destinos, generando los cambios que sean necesarios para que todas las mujeres, gocemos por fin de todos nuestros derechos.

Agradezco profundamente esta valiosa oportunidad de dirigirme a ustedes, y a todas, por su amable atención.

Muchas gracias.