Amigos y amigas:

Buenos días.

Me complace estar inaugurando este evento en el cual abordaremos dos temas que son de suma importancia para la vida de las personas mayores:

Primero, hablaremos sobre el tema de la sexualidad en personas mayores, y segundo, sobre la diversidad sexual en esas personas adultas mayores. Además, abordaremos los cuidados que requieren las personas adultas mayores que son lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersexuales –o personas LGBTI, como les conocemos más familiarmente–.

Sobre la sexualidad, las estadísticas nos demuestran que todavía falta mucho por hacer en esta área.

Se estima una de cada seis personas con VIH son personas mayores de cincuenta años, constituyendo un 24% de la población infectada; y que los tumores en el aparato reproductor y el cáncer de próstata siguen siendo una de las principales causas de muerte para esta población.

Pese a lo anterior, todavía dudamos sobre aceptar de una forma seria, el tema del ejercicio de la sexualidad en las personas adultas mayores en general, sin importar su orientación sexual, su identidad de género, a quién aman o con quién comparten su vida.

Nos cuesta verles como seres sexuados, y ésta dificultad en comprender su sexualidad, no sólo nos distancia de ellos y ellas, sino que nos hace ponerles en riesgo, ya que al negar este aspecto de su vida, les excluimos de diversos servicios, particularmente los de salud sexual.

Las relaciones sexuales y la sexualidad en general, constituyen una parte importante de la salud emocional y física del ser humano, ya que es el espacio en el que una persona puede crear intimidad y expresar sus sentimientos hacia su pareja.

La sexualidad va más allá del mero acto sexual, es gozar del contacto humano, elogios, abrazos y otras expresiones de afecto.

Estas formas de expresión y acercamiento humano no finalizan con la juventud, sino que son esenciales para la persona en todas las etapas de su vida, incluso en la adultez mayor.

Pero todavía existen grandes prejuicios sobre la sexualidad en mayores.

Este rechazo es el resultado de una discriminación cultural donde se considera a las personas de edad como poco atractivas.

Los medios de comunicación abonan en gran medida a este mito, ya que presentan la sexualidad exclusivamente como algo relacionado a personas jóvenes, bellas y perfectas.

Erróneamente somos influenciados por la idea cultural y mediáticamente transmitida, de que las personas mayores no tienen atractivo ni la capacidad física para ejercer su sexualidad. Un primer paso que debemos dar es aceptar la sexualidad de esta población y entenderla como el derecho a contar con salud, afecto, compañía, ganas de vivir, contacto físico y auto aceptación. 

Negarles la sexualidad a las personas mayores,  es aceptar el prejuicio social de ensalzar a la juventud y excluirles de la posibilidad de gozar de su vida en pareja. 

El segundo tema para analizar hoy es el relacionado con la población LGBTI adulta mayor.

Todavía muchos piensan que la diversidad sexual es “una desviación de lo normal” o “una enfermedad” de alguna clase, cuando la realidad es que el ser humano es diverso en muchos sentidos y debe haber espacios para todas las personas en una sociedad con derechos.

Ser una mujer lesbiana, un hombre gay, una persona bisexual, transexual o transgénero, y ser además persona mayor, genera una doble vulneración y discriminación, pese a que nuestra constitución y las leyes establezcan que todos y todas somos iguales para el ejercicio de derechos.

Los problemas de la población LGBTI  tienen su origen en la discriminación, a los cuales se suman el  hecho de envejecer.

Uno de los grandes mitos es pensar que la diversidad sexual es solo un tema de jóvenes y que en el caso de las personas mayores esta se deriva de algún tipo de demencia.

Imagínense esto: las personas LGBTI son discriminadas por amar a una persona de su mismo sexo; también son discriminadas por no identificarse con su sexo genético.

Por esas razones, que no son asuntos que las personas decidamos –así como no decidimos nuestro color de piel, color de ojos y estatura, por ejemplo – las personas LGBTI sufren rechazo, burlas, odio e incluso violencia a lo largo de sus vidas.

Por su parte, las personas adultas mayores también sufren discriminación por razón de su edad, al considerarlas de manera injusta, como no productivas, personas con enfermedades, como cargas, entre otras.

Ahora imaginemos cuando estas dos condiciones se unen en una misma persona: más discriminación, más soledad, más irrespeto a sus derechos humanos.

La población LGBTI busca, igual que cualquier persona, su bienestar psicológico, físico y emocional.

Tienen los mismos derechos y merecen el mismo respeto que sus pares, lo cual incluye el derecho de amar y vivir con quien lo deseen y con quien les ame y respete.

Conocer sobre la sexualidad y la diversidad sexual en la vejez es una forma de eliminar las barreras que imponen los prejuicios y la discriminación.

Las conferencias de este día buscan romper con estigmas que se les aplican a las personas mayores en general y muy en particular a las personas mayores LGBTI.

Quiero agradecer a la Dirección Nacional de Medicamentos por facilitarnos el uso de estas instalaciones y por atendernos como amabilidad y calidez.

Quiero agradecer además a ESMULES por su apoyo para este evento.

Finalmente, quiero agradecer a mis compañeras y compañeros de la Secretaría de Inclusión Social, principalmente de la Dirección de Personas Adultas Mayores y de la Dirección de Diversidad Sexual, por organizar esta actividad con la que se espera poder contribuir a construir una sociedad más inclusiva.

Muchas gracias.