Amigos y amigas:

Hoy se conmemora a nivel mundial, el Día Internacional de la Persona Adulta Mayor, una fecha que invita a reflexionar sobre la situación en la que viven miles de personas mayores en nuestro país y los desafíos que enfrentamos en el presente y en el futuro si no actuamos ya en la implementación de políticas públicas y normas que les permitan el ejercicio pleno de sus derechos.

Pero más allá de la mera reflexión, esta fecha nos hace un llamado urgente, perentorio, a tomar acciones concretas, oportunas y eficaces a favor de todas las personas adultas mayores.

Desde la gestión de gobierno anterior, diversas instituciones hemos venido trabajando para ofrecer nuevos espacios de atención a las personas mayores. Esto se ha hecho partiendo del desafío de tratar a este grupo desde un enfoque de derechos, y aun a pesar de las enormes limitaciones presupuestarias y de recursos humanos con que a veces debemos batallar.

Por debo señalar que si bien se han producido avances en incorporar a las personas mayores dentro del marco de las políticas públicas, todavía queda pendiente uno de los más grandes desafíos a nivel social y cultural:

Me refiero al reto de cambiar la visión de ver a las personas adultas mayores como meros receptores de caridad.  Esta visión, sumada a una desvalorización de lo humano, lleva a que las personas mayores sufran de maltrato en diversos ámbitos.

Las y los servidores públicos, la familia y la sociedad en general no se escapan a esta realidad. Todavía falta mucho camino para comprender el envejecimiento y mientras se sigan reproduciendo estigmas y prejuicios sobre envejecer, se seguirán dando situaciones donde se vulneren los derechos y la dignidad de las personas mayores.

Son tales prejuicios los que llevan a pensar que una persona adulta mayor no produce económicamente, aunque hay numerosos datos que nos dicen que trabajan hasta edades avanzadas, que contribuyen en los hogares y que dan más de lo que reciben.

Son la ignorancia y el temor los que nos llevan a verlos como una carga, aunque muchos son los segundos padres y madres de niños, niñas y adolescentes.

Es el estigma el que nos lleva a asumir que la sexualidad y el amor terminan en la juventud, aunque las y los mayores sigan enamorándose y ejerciendo su sexualidad.

Son los patrones discriminatorios y excluyentes los que nos hacen tratarlos como si han perdido la capacidad y el derecho de tomar sus propias decisiones y participar activamente en todos los espacios de la vida social, económica, familiar, política y cultural.

Es por ello que lanzamos, en el marco de una segunda etapa del Programa Nuestros Mayores Derechos, esta estrategia de sensibilización para promover el buen trato a las personas mayores, la cual denominamos “SEAMOS PARTE DEL BUEN TRATO”.

La estrategia desarrolla dos grandes componentes: por un lado una campaña en medios a nivel nacional, utilizando sobre todos espacios comunitarios y redes sociales; y, por otro, una serie de acciones, sobre todo en las instituciones del sector público, que lleven a sensibilizar a nuestros servidores y servidoras públicos sobre la importancia de un cambio de actitud para promover el buen trato hacia las personas adultas mayores.

Creemos firmemente que  la vida de nuestras personas mayores puede cambiar radicalmente con un cambio de actitud hacia los estigmas y prejuicios sobre el envejecimiento.

Con esta campaña queremos resaltar que la vida es plena durante la vejez; que el ser humano merece dignidad durante todas las etapas, y que no es posible renunciar a los derechos por el mero hecho de nuestra edad.

El cambio de actitud debe ir a la par de un cambio en las políticas y atención de las personas mayores. Estamos trabajando fuertemente en impulsar una segunda etapa del programa Nuestro Mayores Derechos, así como en la aprobación de una nueva Ley de la Persona Adulta Mayor y de la Política Nacional.

Esperamos además que con el mismo empuje que apoyamos la elaboración de la Convención Interamericana para Proteger los Derechos de las Personas Mayores dentro de la Organización de Estados Americanos,  nos sumemos pronto a la lista de países que la han firmado.

Creemos firmemente que este tipo de acciones contribuyen a construir patria en justicia y democracia, por cuanto promueven la solidaridad, la dignidad y el respeto por quienes han dado y siguen dando lo mejor de sí para el bienestar de sus familias y del país.

Quiero agradecer a todas y cada una de las personas y organizaciones que han hecho posible la realización de esta campaña, en especial a todas las personas mayores que prestaron su tiempo, imagen y voces. Además de ser artistas, son personas comprometidas por construir un El Salvador del cual se sientan orgullosas las futuras generaciones,

Quiero reiterar mi compromiso como Secretaria de Inclusión Social por impulsar leyes, programas, políticas y planes que contribuyan a erradicar la exclusión social y la indiferencia para con las personas mayores de este país.

Invito a todas las instancias del Estado a sumarse y ser parte del buen trato, por medio de mejorar las capacidades técnicas del recurso humano, invertir en programas y servicios especializados para esta población, e impulsar la participación de los y las mayores en la definición de programas y estrategias de su interés. Muchas de estas acciones comienzan con un cambio de paradigma sobre el envejecimiento.

Sigamos, pues, construyendo una nación donde todos y todas seamos importantes.

Muchas gracias.