Queridos amigos y amigas:

El maltrato en las personas mayores es un flagelo terrible que debe ser erradicado de nuestra sociedad; y como en otros temas que tienen que ver con la protección de las personas más vulnerables, todavía nos queda mucho por hacer en el ámbito de la violencia basada en la discriminación.

La violencia contra las personas mayores se manifiesta en muchos ámbitos.  Esta práctica comienza en la casa: ridiculizar, aislar, negligencia y golpear, son solo algunas de las manifestaciones de violencia que experimenta esta población.

Más aún, la violencia contra las personas mayores no termina ahí, avanza en lo institucional, en la estructura misma del país. Un servicio poco eficiente, el mal trato, la mala praxis, las largas colas de espera, las barreras en los espacios públicos, son parte del día a día que sufre una persona mayor.

Hay espacios, sin embargo, donde el riego de maltrato es todavía mayor. Dentro de las residencias sustitutas se encuentran los que tienen los perfiles de mayor riesgo: con discapacidades severas, sin familia, sin ingresos, con problemas graves de salud, con deterioro cognitivo; estas son personas mayores que por su condición, difícilmente podrán interponer una denuncia por maltrato. Su bienestar depende enteramente del entorno que les rodea.

En hospitales también la situación resulta crítica, pues las personas mayores que llegan en condiciones muy difíciles,  son atendidas por personal poco calificado e insensibles.  Esto lleva a prácticas que se asumen como normales, pero que constituyen una verdadera violación a los derechos humanos.

Una de esas prácticas, son LAS SUJECIONES.  Estas son definidas como cualquier dispositivo sujeto a una persona y que no puede ser retirado por ella, para evitar su libertad de movimiento; así como el uso de fármacos en una persona sin diagnóstico psiquiátrico, con el fin de reducir sus movimientos.

La paradoja es que si utilizamos ataduras o químicos para inmovilizar a una persona joven que no tienen trastornos psiquiátricos, inmediatamente pensamos en el delito de privación de libertad y en las acciones penales que acarrearía tal acción.  Con las personas mayores, sin embargo, el pensamiento es totalmente opuesto.  Son atadas sin prescripción, sin cuadro clínico y sin su consentimiento.

Las sujeciones han sido utilizadas indiscriminadamente en las personas mayores, sin que la sociedad se pronuncie al respecto.  Es hasta hace algunos años que algunos países identificaron en esta práctica una vulneración a derechos humanos y han comenzado a realizar grandes esfuerzos para erradicarla.

Nuestra cultura hospitalaria y de hogares, todavía mira en la atadura una herramienta diaria de trabajo, sin pensar en las consecuencias nefastas de esta práctica.

Las ataduras, como muchos profesionales todavía dicen, son usadas “para prevenir caídas y proteger a las personas mayores.”  Numerosos estudios demuestran sin embargo, que al usar ataduras aumenta el riesgo de una caída, de asfixia o de muerte de la persona mayor.

Lamentablemente, las sujeciones han servido en la mayoría de casos a un propósito muy distinto al de preservar la seguridad: promover la comodidad en el manejo de quienes cuidan a las personas mayores.

Este día, luego de que se lograra en el mes de junio el reconocimiento nacional del día de la Toma de Conciencia para la erradicación de toda forma de maltrato o violencia contra las personas adultas mayores, la Secretaría de Inclusión Social lanza el Programa de erradicación de sujeciones, con el objeto de erradicar el uso de ataduras y fármacos en personas mayores tanto a nivel de hogares y residencias sustitutas, como a nivel de hospitales.

Cinco hogares se sumaron para participar en este programa y se han comprometido a capacitar al personal, a realizar cambios y diseñar protocolos para reducir el uso las ataduras.

Estos hogares llevan trabajando ya  varios meses, y a la fecha han realizado un diagnóstico de sus condiciones, han formado equipos de trabajo, han hecho jornadas de capacitación y mejora en los entornos para promover la movilidad.  Con ello se espera reducir las caídas, mejorar el estado de ánimo de las personas y reducir las escaras.

De esta forma, se abre una nueva esperanza en la mejora de la atención de personas mayores.  Quiero felicitar a los Hogares a Centro de Ancianos Narcisa Castillo, Hogar AGAPE, Hogar San Pedro Claver, Hogar Santa Marta y Hogar San Vicente de Paúl de la Sultana, por su enorme esfuerzo, dedicación y su compromiso por convertirse en “Hogares que promueven la erradicación de sujeciones”.

Por otra parte, comenzaremos este año con la intervención en hospitales del Instituto Salvadoreño del Seguro Social.  Las geriatras de esta institución están fuertemente comprometidas con la mejora de la atención a la población adulta mayor pensionada, pero debemos ayudarles a que todo el sistema responda al buen trato a esta población.

En ese marco, y con el apoyo del Gobierno de China Taiwán, comenzaremos un proceso formativo para el personal de salud, con cursos especializados, promocionales sobre los derechos de las personas mayores en el ámbito de la salud, y el diseño de protocolos para implementar estrategias de reducción de sujeciones, promoción de la movilidad y creación de entornos más seguros para la prevención de caídas.

Quiero agradecer desde ya a las Doctoras Margarita Pineda y Nidia Cañas, así como a las autoridades del Instituto Salvadoreño del Seguro Social,  por su esfuerzo en este tema.

Es complicado medir la violencia en personas adultas mayores.  En gran medida esto sucede porque la persona no quiere denunciar, no cuenta con los medios para denunciar, o no entiende que está siendo víctima de maltrato.  Es por ello que reitero mi compromiso, como  Secretaria de Inclusión Social y Coordinadora de CONAIPAM, de impulsar procesos que tengan como finalidad reducir los riesgos y vulneraciones que enfrentan las personas mayores.

Quiero invitar a todas las instituciones, a sumarse a este y otros esfuerzos a favor de la población adulta mayor.  Es de los aportes de todos y todas que se construye una sociedad más digna y más inclusiva. Ya es hora de comenzar a evaluar el progreso no solo términos de PIB; sino también desde cómo nos tratamos, desde cómo nos esforzamos en reducir el fenómeno de la violencia, sobre todo la que se aplica contra aquellos que no pueden defenderse.