Por Secretaria de Inclusión Social, Vanda Pignato:

Buenos días a todas y todos.

Muchas gracias por la invitación a la apertura del Programa “Ampliando las Oportunidades Económicas para las Mujeres Rurales Emprendedoras en América Latina”.

Que se ejecutará en El Salvador por parte de ONUMUJERES y gracias al financiamiento del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA).

Me complace sobre todo que el programa permitirá acercar el logro de la autonomía económica a muchas de las mujeres usuarias de los servicios de Ciudad Mujer.

Particularmente de nuestras sedes de Usulután y San Miguel.

Definitivamente la ejecución de un programa de este tipo coincide con las líneas estratégicas trazadas por el Gobierno de El Salvador.

Para lograr el adelanto de las mujeres en la realización de sus derechos humanos y en el acceso a las oportunidades de desarrollo, sobre la base de la igualdad sustantiva.

Creo que todas las personas presentes coincidiremos en que si bien es cierto El Salvador presenta avances significativos en la garantía de los derechos de las mujeres.

Y en el desarrollo y ejecución de programas especializados a su favor, aún tenemos retos importantes, sobre todo en materia del acceso a las actividades económicas.

Remuneradas, así como en la participación política.

En este sentido, quiero referirme concretamente al nudo crítico que representa la discriminación hacia las mujeres.

Tanto explícita como implícita, en el acceso al trabajo productivo, entendiendo éste como aquel que produce bienes y servicios dentro de los mercados económicos.

Y que permite a las personas, la obtención de salarios o ganancias monetarias.

Sabemos que la actividad económica y laboral, es decir, el trabajo productivo y que genera riquezas, ha sido históricamente asignada a los hombres.

Mientras que el trabajo reproductivo, sin reconocimiento económico, se asignó en forma exclusiva a las mujeres.

Este sistema perverso ha limitado las opciones de bienestar social, de realización personal y de posibilidades de desarrollo de las mujeres.

Y ciertamente, esas desigualdades de género han perjudicado más a las mujeres rurales.

Quienes no sólo suelen enfrentar las dificultades del acceso a los servicios públicos para la satisfacción de sus necesidades, ya sea de educación, de salud, acceso a agua potable, entre otros.

Sino que también sufren las desventajas sistemáticas de ese modelo de exclusión social: Las mujeres rurales tienen sobrecarga de trabajo doméstico; falta de acceso a la información, a la educación de calidad.

Y a la formación profesional; poca atención médica, escasas oportunidades de inserción al trabajo formal.

Y al acceso a activos, tales como tierras, herramientas y materiales para la producción.

Todo lo anterior genera en las mujeres una dependencia financiera hacia sus parejas, padres o hijos, lo cual las vuelve más vulnerables a los abusos y al maltrato.

Esta situación no puede ni debe continuar.

De sobra sabemos que si las mujeres tuviéramos el mismo acceso a los recursos productivos que los hombres.

Podemos incrementar el rendimiento en un 20 a 30 por ciento.

También está comprobado que las mujeres reinvertimos nuestros ingresos a favor de la educación.

Y la salud de nuestros hijos e hijas, lo cual permite romper el círculo vicioso de la reproducción de la pobreza, el atraso y la exclusión.

Precisamente una de las estrategias del trabajo en Ciudad Mujer, es en el ámbito de la promoción de la autonomía económica de las mujeres.

Como muchas de ustedes ya saben, el Módulo de Autonomía Económica de Ciudad Mujer tiene como objetivo el proveer servicios orientados a facilitar que las mujeres cuenten con oportunidades para alcanzar su independencia económica.

Pretendemos que las mujeres logren el acceso a la capacitación y formación laboral.

Que tengan acceso a los créditos y a los activos productivos, para que obtengan ingresos propios, así como bienes y servicios que favorezcan su participación en las actividades económicas remuneradas y les permita una vida autosuficiente.

El trabajo que desarrollamos está orientado a lograr el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio # 1, que es el de “erradicar la pobreza extrema y el hambre”.

Así como el  # 3, “promover la igualdad entre los sexos y el empoderamiento de la Mujer”.

Los servicios que se prestan en este módulo tienen un enfoque territorial y se basan en un estudio previo de análisis de tejidos productivos.

Y de los planes estatales de desarrollo económico.

Con el actuación articulada de diversas instituciones, como el Instituto Salvadoreño de Formación Profesional (INSAFORP), el Ministerio de Agricultura y Ganadería, el Consejo Nacional de la Micro y Pequeña Empresa.

El Ministerio de Trabajo, el Banco de Fomento Agropecuario, entre otros, proveemos servicios de capacitación vocacional.

Asistencia técnica para el fomento del emprendedurismo con el desarrollo de micro y pequeñas empresas; apoyamos espacios de promoción y comercialización con mujeres emprendedoras a través de ferias, entre otras estrategias.

Si bien falta mucho por lograr, podemos decir que ya contamos con resultados que están logrando cambios significativos en las vidas de muchas mujeres.

En el caso de las mujeres rurales, por ejemplo, se están beneficiando con la promoción de capacitaciones y el fomento en el emprendedurismo agropecuario.

Sabemos perfectamente que la principal mano trabajadora en el campo es la de la mujer, y sabemos que la seguridad alimentaria depende esencialmente de las mujeres.

Así, entonces, Ciudad Mujer apuesta a la formación de las mujeres en técnicas sostenibles de producción de alimentos.

A través de nuestras Escuelas de Capacitación Agrícola, a las que llamamos “ECAS”.

En las ECAS las mujeres no sólo obtienen conocimientos teóricos, sino también prácticos, que les permite desarrollar diversas actividades productivas de alimentos.

Desde la planificación de la siembra, el cultivo, la recolección, hasta la comercialización y la distribución de los productos.

Allí conocen las técnicas que pueden utilizar para producir alimentos.

Incluso en pequeñas áreas y sin muchos recursos financieros, para el autoconsumo y la mejora de la nutrición familiar.

En poco más de 3 años, podemos decir que contamos con más de 840 mujeres capacitadas en nuestras Escuelas de Campo Agrícola.

Además, estamos trabajando en el fortalecimiento de 21 asocios de mujeres para la producción y comercialización de productos agrícolas.

Algunos de éstos ya se encuentran legalizados y generando ingresos para las mujeres asociadas.

Hay asocios de mujeres que se han dedicado a la producción de vegetales y hortalizas.

Otros que le han apostado al cultivo de tilapias y de camarones.

Otras más, están trabajando en la producción de jaleas y encurtidos, por ejemplo.

Además, estamos apoyando a 3 cooperativas de mujeres que se dedicarán a la pasteurización de leche.

Dos de ellas están muy próximas a iniciar operaciones, tras la inauguración de las respectivas plantas.

Estamos seguras que todo eso tiene un impacto positivo para romper con los ciclos de pobreza y exclusión, al empoderar a las mujeres y hacerlas las actoras de su propio desarrollo.

Este tipo de programas, como el que hoy se lanza gracias al apoyo de FIDA y de ONUMUJERES, constituyen oportunidades para lograr cambios significativos.

Y sostenibles en el sistema productivo, bajo un enfoque de construcción de igualdad en las oportunidades para las mujeres.

Sólo reconociendo la importancia significativa de la mujer salvadoreña en el proceso de la producción nacional, como agente económico, lograremos llevar al país en un nuevo esquema de progreso, más justo y más digno.

Aprovecho entonces, para animarles acontinuar en la senda adecuada del desarrollo.

Muchas gracias.