Estimados amigos y amigas:

No saben la alegría que me da estar con ustedes nuevamente, en un Festival de “Acercando Generaciones”. Como saben, el año pasado no pude acompañarles, ya que estaba recibiendo mi tratamiento contra el cáncer, y realmente extrañé mucho compartir con ustedes, pero sabía que este año sí iba a estar aquí, y ya ven, estamos juntos nuevamente.

Y la ilusión por encontrarles nuevamente en este Festival es porque desde el año 2009, en conjunto con el Consejo Nacional de Atención Integral de la Persona Adulta Mayor, hemos venido trabajando arduamente para promover que la vejez sea una etapa de oportunidades, derechos y desarrollo.

Una realidad con la que nos enfrentamos todos los días es que las personas mayores sufren de una exclusión sistemática de sus derechos.  Esta situación se debe a diversos factores, pero principalmente nace de nuestros prejuicios y temores al envejecimiento.

Uno de nuestros principales prejuicios es pensar que ser mayor solamente es enfrentar enfermedades y demencia, y que, debido a ello, no se es capaz de aportar algo positivo al país.

En muchas ocasiones he reiterado los valores maravillosos que nos brindan los mayores: no solo son nuestra memoria histórica y fuente de sabiduría, muchos son padres y madres, sostén económico hasta de sus hijos y cuidadores y cuidadoras de sus familias.

Las personas mayores siguen siendo el punto clave de cohesión de nuestras familias y hasta los que se encuentran en una cama nos enseñan que siempre hay cosas verdaderamente importantes, como son el amor, el compromiso y la solidaridad.

Cabe entonces preguntarse: ¿Por qué no vemos a las personas mayores?  Creo que la respuesta es simple y triste: porque no las equiparamos con lo productivo.

Desde los enfoques tradicionales de mercado y  de empresa, las personas no importan por ellas mismas, sino sólo es valiosa mientras producen dinero y riqueza.  Si partimos de esta visión, la persona mayor pasa de ser “productiva” a “no productiva”, que la lleva a perder estatus y valor en el mundo económico.

Esta percepción, excluye la idea que la persona mayor tiene derechos, y excluye la realidad: que las personas mayores, aun después de dejar sus empleos, siguen realizando muchas labores que resultan vitales para su grupo familiar y su comunidad.

En este escenario es donde buscamos todos los días promover un cambio dentro de nuestra sociedad que por fin permita mejorar las condiciones de vida de esta población.

Este empuje nos ha llevado a:

  • tener una Ley que permitiera a personas de más de cien años contar por primera vez con su asiento de identidad;
  • a que la Convención de Derechos de las Personas Mayores sea una realidad, y
  • a realizar un proceso consultivo amplio que culminó con una propuesta de ley de la persona adulta mayor.

También nos ha llevado a especializar a casi 150 profesionales en temas de gerontología y ahora en atención geriátrica. Un logro sin precedentes para nuestra historia.

Tenemos por primera vez una pensión básica para quienes no pudieron cotizar, pero dejaron su vida construyendo un mejor país y hemos trabajando de la mano con sus cuidadores de residencias sustitutas, reduciendo el maltrato en dichas instalaciones.

Sin embargo, no estoy aquí para hablar de los múltiples logros que desde la Secretaría de Inclusión Social hemos realizado y acompañado, sino para reflexionar sobre este festival, denominado Acercando Generaciones.

La Secretaría y CONAIPAM buscan, por una parte, propiciar un cambio de visión sobre las personas mayores, pero por otra, sensibilizarnos sobre la importancia de hacer prevalecer el valor de la persona sobre cualquier otro interés.

Como servidores públicos, estamos llamados a hacer prevalecer nuestra Constitución, la cual determina que el origen y el fin del Estado es la persona humana.

Como sociedad, estamos llamados a acercarnos, a ser solidarios, a hacer valer a las personas, por el solo hecho de serlas.

En este espacio buscamos realzar el valor de las personas mayores en nuestra sociedad.  Son ellos y ellas quienes nos invitan con su arte, su gastronomía y sus habilidades a sumarnos por la causa de alcanzar una sociedad más justa y sin violencia.

Este festival es una conmemoración que nos acerca con personas de toda la sociedad y de todas las edades, donde demostramos que somos capaces de devolverles a las personas mayores su orgullo, dignidad y esperanza.

Quiero agradecer en primer lugar, a las personas mayores que desde el comienzo han venido sumando a este esfuerzo.  Son todos y todas ustedes la fuente que nos inspira y guía para seguir adelante, pese a todos los desafíos por superar.

En segundo lugar, agradecer al Coronel Alexander Enrique Alvarenga Flores, quien nos permitiera utilizar estas hermosas instalaciones y toda su disposición y la de su batallón para que el festival sea una realidad.

Deseo además agradecer a todas las instituciones de CONAIPAM e instituciones amigas que han apoyado con el montaje y desarrollo del festival, a mis compañeras y compañeros de la SIS y a todas las personas que han hecho posible todas y cada una de las acciones que hemos impulsado en favor de la población adulta mayor.

Este año queremos seguir nuestro camino de construir un país mejor para los mayores de hoy y los del futuro.

Estamos trabajando en un proyecto de prevención de violencia hacia personas adultas mayores, estamos en la ejecución de un diplomado en atención geriátrica y tenemos a la vista redoblar nuestros esfuerzos para reducir la vulnerabilidad de las personas mayores.

Todos estos esfuerzos, únicos y sin precedentes, abonan a un solo propósito: construir un país democrático, en el cual, las personas adultas mayores presentes y futuras puedan vivir con dignidad.

Muchas gracias y un abrazo con todo mi cariño para ustedes.