Muy buenos días.

Permítanme iniciar estas palabras, agradeciendo profundamente la invitación para acompañarles en la inauguración de este Primer Congreso Internacional sobre Patología Mamaria”.

Esta es una oportunidad muy valiosa para mí, la cual quiero aprovechar para conversar con ustedes sobre el tema del cáncer de seno, desde dos perspectivas:

La primera, desde mi rol como funcionaria pública a cargo de un programa en el cual, la prevención tanto del cáncer de mama, como del cérvico-uterino, es una de las líneas de trabajo principales.

Y la segunda, como una mujer que enfrentó un diagnóstico de cáncer, luchó contra esa terrible enfermedad, y sigue batallando con sus efectos colaterales.

Desde la primera perspectiva, la de funcionaria pública, quiero señalar que desde la creación del programa “Ciudad Mujer”, establecimos como uno de los objetivos prioritarios, en el área de atención a la salud sexual y reproductiva de las mujeres, el contribuir a la prevención y al diagnóstico temprano, tanto el cáncer de mama como el cérvico-uterino, a fin de disminuir los índices de mortalidad por esas causas, generando mejores condiciones de salud y de vida para las mujeres salvadoreñas.

Por eso, en cada una de las seis sedes de Ciudad Mujer, contamos con un módulo de Salud Sexual y Reproductiva, desde el cual –con el magnífico trabajo de las funcionarias del Ministerio de Salud–, brindamos servicios gratuitos para la prevención y detección temprana del cáncer de mama y cáncer cérvico-uterino, tales como:

  • Toma de citologías;
  • Exámenes de mamografía;
  • Jornadas de promoción, sensibilización y prevención del cáncer de mama con grupos de adolescentes y jóvenes de las áreas de influencia de nuestras sedes;
  • Conversatorios y charlas en las comunidades
  • Ferias informativas, caminatas para promover la sensibilización y la información, entre otras.

En apenas 5 años, y desde nuestras 6 sedes que fueron abriendo progresivamente, desde Ciudad Mujer hemos realizado más de 52 mil citologías, y casi 37 mil mamografías, por señalar sólo dos datos del universo de atenciones que brindamos.

Pero hay que decir también, que mucho del esfuerzo de nuestras educadoras, quienes hacen un trabajo en las comunidades, centros escolares, barrios y caseríos, así como de nuestras orientadoras en las sedes, está enfocado, precisamente, a que las mujeres conozcan que ellas tienen derecho a cuidar sus cuerpos, a cuidar su salud, así como cuáles son los servicios que brindamos en Ciudad Mujer, para que puedan recibirlos.

Aunque parezca difícil de creer, en pleno siglo 21, miles de mujeres salvadoreñas aún desconocen cómo prevenir o detectar a tiempo el cáncer. Peor aún, la ignorancia, la vergüenza, los patrones culturales y religiosos que se les han inculcado por siglos a las mujeres, hacen que muchas de ellas incluso rechacen tocarse a sí mismas, o ser examinadas por médicos.

Otras miles, no acuden a atención médica preventiva ni curativa, simplemente por la carga que tienen, tanto de trabajo productivo como de responsabilidades de cuido sobre sus familias, que hace que prioricen al resto de su familia, pero que descuiden su propia salud.

Así, nuestra labor incluye aspectos tan básicos, como trabajar en el empoderamiento de las mujeres sobre sus propios cuerpos, para que comprendan que ellas son tan valiosas como cualquier otro miembro de la familia; que no es egoísmo el atender sus propias necesidades, y que tienen el derecho de cuidarse y de ser cuidadas, para tener una vida plena y feliz.

Les enseñamos que lo mejor es la prevención, y que una detección temprana les permitirá recibir el tratamiento que podría curarlas y salvar sus vidas.

Una de las cosas más importantes, es que contamos en cada sede de Ciudad Mujer, con una psicóloga que brinda contención emocional y apoyo psico-emocional a las mujeres que han recibido un diagnóstico de cáncer, para ayudarlas a asumir los retos que implica la enfermedad.

Sabemos que el cáncer es una enfermedad muy difícil de sobrellevar en varios aspectos: físico, económico, emocional. Afecta no sólo a quien directamente lo padece, sino también a todo el entorno familiar.

A las operaciones, hospitalizaciones, largas y dolorosas jornadas de tratamientos, hay que sumar los múltiples efectos que una sufre después.

En el caso de muchas de nuestras usuarias en Ciudad Mujer, estas condiciones se ven agudizadas cuando ellas son las únicas responsables de sus hogares, que no sólo incluyen a sus hijos e hijas, sino también a sus padres y madres adultos mayores, o parientes con discapacidad.

Así, las mujeres se ven obligadas a enfrentar la enfermedad con retos mucho mayores, y –por supuesto– con más temores y angustias. Por ello es que en Ciudad Mujer, si bien no damos el tratamiento de curación, ya que la atención es de primer nivel, sí nos preocupamos de que las mujeres a quienes se les ha detectado cáncer, puedan estar en las condiciones físicas y emocionales más óptimas para salir adelante y salvar sus vidas.

Y llegando a este punto, me permito abordar el tema, desde una perspectiva más personal. Es decir, desde mi propia experiencia como sobreviviente de cáncer, para así, aportar ciertas reflexiones.

Cuando el año pasado tuve de labios de mi doctora, el diagnóstico de cáncer, ciertamente fue una de las noches más duras y tristes de mi vida.

Pero como sobreviviente de otras batallas, de otras naturalezas, confié en que iba a salir adelante en esta lucha. Por mí, por mi hijo, por mi familia y por las mujeres de El Salvador.

Decidí que el cáncer no iba a vencerme, y que iba a afrontar lo que viniera, sabiendo que contaba con el apoyo de mi familia, de mis amigos y amigas, con el amor de este hermoso pueblo salvadoreño, y con una fe muy grande en Dios y en la intercesión de nuestro beato, Monseñor Romero.

Pero además, quiero reconocer a aquellas personas que fueron pieza fundamental en todo ese proceso: las y los profesionales de la medicina con quienes he tenido la fortuna de contar.

Por supuesto, desde la doctora Ugarte Mena, quien me obligó con su insistencia a hacerme todos los exámenes, hasta las y los médicos tratantes, tanto en El Salvador, como en Brasil, en donde fui para estar con mis padres y hermanas, tuve la bendición de estar en manos de profesionales que no sólo tenían las mejores calificaciones en sus áreas, sino –sobre todo– una vocación y una ética incuestionable, con una gran calidad humana.

Justamente, eso es lo que más necesitamos las mujeres: profesionales que además de contar con los mayores conocimientos, tengan la calidez para saber cómo dar información; cómo decir un diagnóstico que nadie quiere escuchar; cómo explicar las alternativas y los procedimientos, respondiendo con paciencia y de forma sencilla, todas las preguntas que pueda tener la mujer.

En ese sentido, yo creo firmemente en la necesidad de enfocar todos los esfuerzos necesarios, para mejorar las capacidades y competencias profesionales de las personas profesionales de la salud que intervienen en todos los niveles, tanto en la prevención, como en la curación e inclusive en la de los cuidados paliativos para quienes tienen diagnóstico terminal.

Y dentro de este trabajo no me refiero solamente al cuidado de la salud física de las personas. Ustedes mejor que yo, saben que el estado de ánimo, la salud emocional de los pacientes es de suma importancia en sus procesos de recuperación.

Allí también, médicos, cirujanos, técnicos radiólogos, enfermeras tienen la gran posibilidad de ayudar a sus pacientes: con una frase de ánimo, con una sonrisa, con un gesto amable. Eso puede hacer una enorme diferencia en la calidad de vida de cualquier persona, sobre todo en aquellos casos como los de los pacientes de cáncer que necesitan sentir que son cuidados con la dignidad y el respeto que se merecen.

Así, quiero aprovechar la ocasión para hacer un cariñoso y sincero reconocimiento a los miles de profesionales de la salud en general que, tanto en centros públicos como privados, cuidan con calidad, pero también con calidez humana, a las pacientes con cáncer.

Sé que esto requiere un tremendo esfuerzo y sacrificio de su parte, pues es una de las profesiones con más alto nivel de estrés, por lo que les animo también a cuidarse a ustedes mismos.

Ustedes no sólo hacen un trabajo valioso, sino que también son personas valiosas, que merecen todo el respeto y el reconocimiento de la sociedad en general.

Por todo esto, quiero felicitarles por el esfuerzo que supone la realización de este Primer Congreso Internacional sobre Patología Mamaria.

Les deseo a todas y todos, los mayores éxitos, tanto en el curso como en toda su vida profesional y personal.

Muchas gracias.