Buenos días a todos y todas

Me llena de mucha alegría estar con ustedes en la bella ciudad de San Miguel; recientemente estuve en el acto de graduación de más de 7 mil mujeres que fueron formadas técnica y vocacionalmente en nuestras sedes de Usulután, Morazán y San Miguel, y ahora nuevamente con ustedes para presentarles el libro “Ciudad Mujer Nuevo Modelo de Gestión Pública para la Igualdad y la Paz”.

Me siento muy contenta pues uno de los objetivos primordiales es discutir, analizar y reflexionar el contenido de mi libro con todos los sectores de la sociedad, y esta mañana me acompañan representantes del sector académico: estudiantes de cuatro universidades importantes del país; el sector empresarial; representantes de organismos de la sociedad civil y de grupos comunitarios que trabajan por los derechos de las mujeres, y por supuesto también nuestras usuarias de Ciudad Mujer.

El libro que hoy presento es la concreción de un sueño largamente acariciado: la oportunidad de compartir la experiencia de nuestro país en la creación y puesta en marcha de un programa novedoso, único en su especie, se trata del modelo Ciudad Mujer.

Un programa que no sólo demuestra que es posible concretizar las políticas nacionales en materia de género, sino también que es factible transformar la gestión pública, poniendo en el centro de la misma a los seres humanos, y más particularmente, a las mujeres: me refiero, por supuesto, a Ciudad Mujer.

Tal como lo expongo en el libro que comparto con ustedes, Ciudad Mujer constituye un nuevo modelo de gestión pública, orientada al empoderamiento de las mujeres para la construcción de la igualdad sustantiva y de la paz.

A lo largo de cuatro capítulos pretendo revelar algo más profundo: las rutas del empoderamiento de las mujeres.

Precisamente, Ciudad Mujer surge a partir de una experiencia personal que me impulsó a asumir un profundo compromiso con las mujeres de nuestro país que –como muchos otros de la región y del mundo– padece violencia, pobreza, exclusión, concentración de la riqueza y un profundo machismo.

Ciudad Mujer nace a partir de un proceso individual de empoderamiento, que llegó a convertirse en una política pública asumida por el Estado y –mucho más importante– por la propia ciudadanía, para lograr el empoderamiento vital de las mujeres, y la construcción de las tres autonomías: la física, la económica y la de participación y toma de decisiones.

En El Salvador, como en otros países, el mayor peligro para las mujeres, incluidas las niñas, las adolescentes y las adultas mayores, no se encuentra en las calles sino en los hogares, donde están sus principales agresores.

Pero la violencia y la discriminación contra las mujeres se repiten continuamente en los espacios públicos: en el transporte, en la calle, en los centros educativos y laborales; en los partidos políticos y en las iglesias, inclusive.

Esa fue la realidad con la que me encontré cuando, en el marco de la campaña presidencial para las elecciones del año 2009, recorrí el país de punta a punta, pero situada forzosamente fuera de los escenarios.

En esos recorridos noté que la mayor parte de las personas asistentes a los mítines y reuniones eran mujeres.

Y fueron todas esas mujeres quienes me develaron la realidad de exclusión a la que se enfrentaban cada día.

Ellas, mujeres urbanas y rurales; mujeres campesinas y profesionales; mujeres de todas las edades y condiciones sociales, me ayudaron a comprender las dificultades que tenían para conocer y ejercer sus derechos.

Ellas eran, al igual que yo, invisibles para las instituciones y las políticas públicas. Y era eso, justamente, lo que había que cambiar.

Viendo las dificultades impuestas a las mujeres para acceder a las instituciones públicas, las cuales trabajaban de forma desarticulada y en una lógica muy masculina, sin un enfoque de género adecuado, pensaba en un lugar ideal al que esas mujeres pudiesen llegar para recibir atención especial en sus necesidades más acuciantes.

Imaginaba un espacio femenino: de mujeres atendidas por mujeres, de mujeres que confían en mujeres.

Un espacio, una ciudad en donde las instituciones se pusieran al servicio de las mujeres y les brindaran las atenciones especializadas, integradas e integrales, con calidad y calidez que esas mujeres necesitaban y merecían: Una “Ciudad Mujer”.

Ciudad Mujer se convirtió así, en una de las principales ofertas electorales, con la cual pretendía tornar visibles a las invisibles.

Esa fue, justamente, el génesis de Ciudad Mujer, que relato más ampliamente a lo largo del Capítulo I, cuando se da el principio del cambio.

Al ganar las elecciones incorporamos el Programa Ciudad Mujer dentro del conjunto de programas sociales a desarrollar.

Como podrán leer en el libro, esa génesis no fue fácil.  En 2009 el país se encontraba en medio de una crisis socioeconómica profunda, una de las más difíciles de su historia.

El bajo crecimiento económico era histórico en El Salvador. Los índices de la pobreza crecían, al igual que la exclusión social.

No existían programas sociales de ayuda a los sectores más vulnerables, además de sufrir el flagelo del delito y la violencia.

Habíamos heredado un aparato gubernamental que funcionaba con una inercia y una lógica de trabajo desarticulada y dispersa.

Un hecho notable fue que también debí enfrentar los prejuicios del feminismo tradicional, que no comprendía Ciudad Mujer y, sin mayor criterio, lo catalogaba como un modelo asistencialista.

Fue necesario el firme respaldo del Presidente de la República para direccionar a su gabinete en la senda que habíamos emprendido.

Como dije antes, al momento de iniciarse el proyecto las finanzas públicas se encontraban en una situación muy difícil, de manera que conseguir financiamiento para ponerlo en marcha constituyó un obstáculo casi insalvable.

Nuestra labor se centró en el diseño del Modelo y, a la par, asumí personalmente el papel de gestora de fondos para financiarlo.

Con un enorme esfuerzo realizado por el gobierno se logró contar, en 2010, con recursos para la compra de un inmueble que se transformó en la primera sede.

Mientras tanto, encontramos un primer aliado que fue decisivo para lograr el record de construir las cinco sedes restantes de Ciudad Mujer en apenas 4 años: el Banco Interamericano de Desarrollo, bajo el liderazgo personal del Presidente Luis Alberto Moreno.

Una vez puesto en marcha el programa, y vistos los resultados exitosos demostrados en poco tiempo de funcionamiento, más aliados se fueron uniendo: gobiernos amigos, agencias y donantes internacionales que apostaron a fortalecer Ciudad Mujer.

La creación de la estructura y el funcionamiento del “Modelo Ciudad Mujer”, que se describen en el capítulo dos del libro, buscaba generar un cambio sistemático, profundo e irreversible para construir la igualdad entre los géneros.

Con mi equipo de trabajo, basamos Ciudad Mujer en cuatro pilares fundamentales: la equidad de género, el enfoque de derechos, la integralidad de los servicios y una proyección territorial.

Y sobre esos pilares, 17 instituciones del Estado acordaron trabajar de forma integrada e integral, con un estándar de atención de calidad y calidez, para dar servicios esenciales a las mujeres en los temas de mayor trascendencia para su empoderamiento.

Otro componente fundamental es el de la territorialidad, porque allí está la cláusula que flexibiliza el modelo, garantiza la inserción y el monitoreo real de su funcionamiento.

Este pilar parte del conocimiento que las mujeres en cuyas vidas Ciudad Mujer se propone impactar positivamente, viven en territorios concretos donde hay realidades específicas y diversas que requieren estrategias particulares.

En el capítulo tres, denominado “Hacia el empoderamiento vital de las mujeres”, se desarrolla el camino hacia la construcción de la igualdad sustantiva, que parte del reconocimiento de los desafíos presentes, donde la condición y posición de las mujeres tienen una relevancia significativa.

Así, el diseño de la ruta hacia la igualdad entre los géneros pasa por la promoción de los derechos, el fortalecimiento de las tres autonomías y la redefinición y fomento del empoderamiento vital de las mujeres.

En esta lógica, desde Ciudad Mujer nos proponemos impulsar desde la primera esfera, el conocimiento de los derechos de las mujeres y, paralelamente, impulsar la sensibilización del funcionariado estatal, y de la sociedad en general, para no seguir perpetuando los esquemas de violencia y discriminación.

La segunda esfera, la del fortalecimiento de las tres autonomías, se basa en que es fundamental que las mujeres puedan ejercerlas en su integralidad, dado que se encuentran interrelacionadas entre sí.

Partimos de la autonomía económica, fomentando la capacidad de las mujeres de generar ingresos propios y obtener y controlar sus propios activos, promoviendo mejores y mayores oportunidades para su desarrollo.

Cuando pasamos a hablar de la autonomía física, la trabajamos desde dos módulos: el de salud sexual y reproductiva, y el de prevención y atención a la violencia de género.

La tercera autonomía, la de la toma de decisiones, la trabajamos desde sus dos ámbitos: la participación política y la participación ciudadana, que permiten realizar acciones articuladas que faciliten a las mujeres ampliar su condición y valorar su posición.

Para ello, el trabajo desde el módulo de educación colectiva es crucial, ya que desarrollamos procesos de conocimientos de los derechos de las mujeres.

Por las características del Modelo, como hemos visto, se cumple un ciclo de inclusión de las mujeres.

Al margen de los resultados concretos que encontrarán en el libro, miles de mujeres han logrado insertarse en un ciclo de empoderamiento.

Así se construye la identidad de las mujeres, condición indispensable para el ejercicio político, por ejemplo.

El ejercicio de ciudadanía que las “mujeres de Ciudad Mujer” -como muchas de ellas se identifican- hacen en alcaldías, en la comunidad, en la escuela, en la misma casa, genera una situación que rompe el esquema cultural tradicional y abre el camino hacia la transformación de los roles y estereotipos.

Ciudad Mujer cuenta con cuatro años y ocho meses de vida. Partió de la nada y tiene para mostrar resultados cualitativos y cuantitativos. Esto no es algo normal en los servicios públicos que se brindan en nuestros países.

Somos conscientes de que por sí solo, el programa Ciudad Mujer no podrá modificar una realidad tan compleja y difícil, tampoco cambiar, de la noche a la mañana, la cultura patriarcal y machista que domina nuestras sociedades.

Pero Ciudad Mujer se ha convertido en un ariete, en una punta de lanza, en una locomotora de ese cambio cultural que necesita la sociedad.

La apuesta en ese sentido es que Ciudad Mujer abra el camino, señale la ruta que hay que transitar y que sean las propias mujeres las artífices de su destino, como debe ser.

Para eso es imprescindible que asumamos como propia la tarea de empoderamiento vital de estas mujeres. Es por ello, que queremos impulsar cada vez más espacios de análisis, reflexión y debate como estos, en los que todos y todas seamos partícipes de un diálogo académico y social, que nos permita tomar conciencia y formar parte de un cambio, no solo de pensamiento, sino también en la toma de acciones concretas.

En el capítulo cuatro, el de las conclusiones, reitero que Ciudad Mujer es el fruto de una firme decisión política que permitiera sortear obstáculos de toda índole.

Señalo, además, que si bien Ciudad Mujer no puede por sí misma, cambiar totalmente la realidad histórica, social y cultural, sí es una buena respuesta a violencia que es global: la violencia de género.

Para abordarlo y superarlo satisfactoriamente, estoy convencida que es necesario refundar la política.

Es evidente la necesidad de generar un verdadero debate sobre el tema de la violencia y, en general, de la igualdad de género. Es preciso promover grandes acuerdos nacionales para elevar a cuestión de Estado esta problemática que comprende a todos los países.

Es imperioso, pues, abrir una nueva etapa política a partir de una agenda que dé cuenta de la realidad social imperante.

La clase política deberá tomar conciencia de la trascendencia que tiene la igualdad de géneros en el futuro inmediato de los pueblos.

En la actualidad, eliminar toda forma de violencia contra la mujer y avanzar en la igualdad entre los géneros es ampliar y perfeccionar la democracia. Es volver a refundarla para abrir un nuevo y mejor ciclo para la humanidad.

Ciudad Mujer es una respuesta que, basada en un enfoque de género y de derechos humanos, puede ayudar al desarrollo sostenible de los países.

Antes de concluir, quiero agradecer a las autoridades de la Universidad Gerardo Barrios, representada acá por el Rector, Raúl Rivas; a la Universidad Andrés Bello, representada por su rectora Romilda Sandoval; a la Universidad de Oriente (UNIVO), representada por el Vicerrector Ever Martínez; a la Universidad de El Salvador, a través de su Facultad Multidisciplinaria de Oriente, y a su Decano Joaquín Machuca; al Instituto Especializado de Enfermería; a las empresarias; mujeres emprendedoras de los  mercados; representantes de organismos de la sociedad civil y de organismos comunitarios; autoridades departamentales y locales, y por supuesto a nuestras queridas usuarias de la sede de Ciudad Mujer San Miguel por acompañarnos esta mañana y haber participado en esta actividad que nos permite como Ciudad Mujer, irnos fortaleciendo cada vez más en la oferta de  servicios que brindamos, y de esta manera contribuir con el mejoramiento de la calidad de vida de las mujeres de la zona oriental, así como de sus familias.

Muchos son los retos que aún tenemos por delante en Ciudad Mujer. Sin embargo, les aseguro, tenemos el compromiso y la valentía para asumirlos y superarlos.

Gracias a ustedes por estar hoy aquí, y por su amable atención.