Muy buenos días:

 

El siglo veintiuno está marcado por nuevos desafíos para la humanidad.  Las proyecciones poblacionales indican que al corto plazo habrá más personas mayores que niños, niñas y adolescentes.

 

Al margen de los comentarios diversos sobre esta realidad, lo cierto es que la vejez debe significar una oportunidad de construir mejores sociedades, donde cada persona viva conforme a sus decisiones y goce plenamente de todos sus derechos.

Envejecer no debería ser sinónimo de discriminación, violencia o marginación.

 

Debemos evaluar qué tipo de sociedad necesitamos para las generaciones de personas mayores del presente y del futuro. Por ello la consecución de los ODS son de vital importancia-.

Los objetivos de desarrollo sostenible son un llamado universal a la adopción de medidas para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad.

 

En ese llamado, las personas mayores, hoy más que nunca, son agentes protagónicos para la construcción de sociedades más incluyentes y con mayor desarrollo.

 

Los objetivos de desarrollo sostenible abren espacios importantes de oportunidades para las personas mayores, y con este foro, buscamos analizar el impacto de la inclusión de este grupo para el desarrollo de nuestro país.

 

Datos recientes de Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) indican que contrario a la creencia tradicional, la población adulta mayor continúa aportando económicamente a nuestras sociedades y sus niveles de consumos en salud resultan mucho menores de lo estimado.

 

Si logramos el envejecimiento exitoso, con ingresos dignos, educación, salud y redes de apoyo, esta población requerirá menores costos de hospitalización y de cuidados especializados.

 

Me gustaría tomar esta oportunidad para reflexionar sobre algunos objetivos que son significativos para la vida de las personas mayores.

El ODS 3, referido a la Salud y el bienestar, nos invita a mejorar y especializar los servicios de salud geriátrica, trayendo con esto una nueva era para el logro del envejecimiento exitoso y saludable.

 

Una persona mayor que desde la infancia tiene acceso a una buena alimentación, a la actividad física, se le fomenta el auto cuido y el no uso de substancias tóxicas, quien además goza de educación, acceso a salud de calidad y empleo digno, probablemente vivirá una vejez plena y llena de satisfacciones, con costos reducidos para los sistemas de salud.

 

La salud para todos, en el caso de las personas mayores, ha significado mejorar la atención especializada, tanto desde la atención del primer nivel, como desde hospitales de segundo y tercer nivel.

 

El gran esfuerzo de integrar los equipos comunitarios de atención familiar, ha representado hacer procesos formativos amplios para profesionales de la salud, con resultados importantes en la atención comunitaria.

 

El Ministerio de Salud ha impulsado la creación de una unidad de atención a personas adultas mayores, así como el contar con un modelo de atención que le indique a todos los profesionales de área el trato adecuado de esta población.

 

El ODS 5, referido a la equidad de género, y específicamente a la valoración de los cuidados nos llama la atención de la situación particular de las mujeres adultas mayores.  Se estima que al menos un 30% de las cuidadoras de niños y niñas, así como de personas con discapacidad y personas mayores dependientes, son mujeres con edades superiores a los 60 años.  No es extraño ver en las mujeres de 70 u 80 años que sacan adelante a sus nietos y nietas porque sus hijos e hijas han migrado, han muerto o están ausentes por una diversidad de razones. Muchas de estas mujeres realizan estas labores sin recibir ingreso alguno, o sin prestaciones de ningún tipo.

Esta realidad, más frecuente hoy que hace cincuenta años, debe llevarnos a considerar las jefaturas de hogar de mujeres mayores como una prioridad para la atención.

La Política Pública de la persona Adulta Mayor nos indica que se deben diseñar e implementar programas para estas realidades, lo cual nos abre espacios para que en los temas de equidad de género y la carga de los cuidados, no dejemos a un lado la perspectiva de las mujeres adultas mayores.

 

Por otra parte, los esfuerzos para contar con una política nacional de cuidados, así como los esfuerzos de Ciudad Mujer por atender más adecuadamente a las mujeres adultas mayores, resaltan la sensibilidad y deseo de mejorar las condiciones para este sector, cuyo trabajo y aportes generalmente pasan invisibles como proyectos productivos.

 

La construcción de ciudades y espacios incluyentes, seguros y que generen convivencia, tal como lo establece el ODS 11, es una invitación a considerar las nuevas realidades de nuestras ciudades.

 

Nuestra población, a diferencia de años anteriores, es mayoritariamente urbana.  Se estima que al menos un 70% de las personas vivimos en las ciudades y sin embargo, estamos más aislados que nunca.

 

Muchas personas mayores viven solas, no por opción propia, sino por el abandono y la marginación.  Cada vez son más frecuentes los casos de personas mayores hospitalizadas o que fallecen en condiciones de total soledad, sin que hasta hoy veamos claridad en políticas municipales que inviten a mejorar los entornos y la seguridad de las ciudades, a fin de promover la participación de las personas mayores.

 

Construir o mejora los entornos resulta beneficioso para toda la población.  El acercamiento intergeneracional permite los aprendizajes, el respeto y la aceptación de las personas de diferentes edades.

Esto permite a los niños, niñas y adolescentes ser conscientes de los procesos de envejecimiento, lo que aporta a valorar todas las etapas de la vida como partes del desarrollo humano.

 

Finalmente, quiero que reflexionemos sobre el ODS 16, referido al acceso a la paz y la Justicia.  Hoy más que nunca, nuestro país debe encontrar el rumbo necesario para alcanzar la paz y la justicia para todos y todas. La violencia y abusos a las personas adultas mayores siguen siendo invisibles ante la justicia.  Lo peor de esto, es cuando las víctimas no pueden defenderse o terminan aceptando como normal estas agresiones.

 

Las personas mayores siguen sufriendo agresiones físicas y sexuales, agresiones patrimoniales, privaciones de libertad y sujeciones, muchas veces producidas por familiares o por profesionales que, sin ningún remordimiento, siguen realizando abusos, sabedores de la impunidad que les ampara.

 

Estos objetivos deben empujarnos principalmente a buscar la justicia y la seguridad para quienes no tienen voz para defenderse.  Deben significar un cambio radical en todas las instituciones públicas y privadas para que las personas mayores, sobre todo las más vulnerables, puedan ser protegidas y dignificadas.

 

Quiero agradecer al equipo de la Dirección de personas adultas mayores, así como al equipo del Comité Técnico de CONAIPAM, por su esfuerzo en la realización de este foro, así como el impulso de la agenda pública a favor de las personas mayores.

 

¡Muchas gracias!