Morazán, julio de 2018. La Secretaría de Inclusión Social (SIS) trabaja actualmente en la preparación de dos centros de atención de día para personas adultas mayores del caserío El Mozote, en el municipio de Meanguera (Morazán). Mientras eso se concreta, la Dirección de Personas Adultas Mayores de la SIS, desarrolló dos jornadas de atención en salud para más de un centenar de estas personas, sobrevivientes o familiares de víctimas de la masacre de El Mozote, quienes posteriormente harán uso de dichos centros.

Para llevar a cabo las jornadas, la SIS se coordinó con el Ministerio de Salud (MINSAL) y la Asociación de Víctimas de El Mozote, así fue posible atender personas de más de 70 años de comunidades como El Barrial, Los Quebrachos, Perquín, Arambala, San Luis, Meanguera, La Joya, Pinalito y El Mozote. Con ello se dio cobertura a la mayoría de las víctimas o sus familiares, y a otras personas de edad que sin serlo, requirieron el servicio de atención geriátrica. La atención brindada incluyó servicios de medicina, sicología, enfermería y nutrición.

La Directora de Personas Adultas Mayores de la SIS, Jennifer Soundy, explicó que dicha jornada sirve para evaluar el estado de salud en el que se encuentran las personas de edad e ir afinando la coordinación interinstitucional que necesitará hacer la SIS con el MINSAL cuando estén en funcionamiento los centros de atención de día. Actualmente, los centros se encuentran en fase de construcción y son parte de las medidas de reparación ordenadas al Gobierno por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

José Tomas Amaya tiene ahora 72 años, sobrevivió a la masacre de El Mozote al refugiarse con su familia en las montañas; posteriormente todos marcharon a los campamentos de refugiados salvadoreños en Honduras, y él se incorporó como combatiente al conflicto armado. “Fueron tiempos difíciles por estar separado de la familia. Ahora es bueno que se acuerden de nosotros y haya reparación a las familias de las víctimas”, dijo al momento de pedir que se agilice el trabajo, se cumpla lo prometido y que estén siempre disponibles los medicamentos que necesitan.

Entre los primeros hallazgos sobre el estado de salud de los adultos y las adultas mayores, se encontraron casos con diferentes grados de desnutrición, así como obesidad y  problemas dentales. A nivel sicológico se identificaron personas con depresiones leves, problemas cognitivos, probablemente originados por el hecho de que muchas de estas personas viven sin sus familiares. Como parte del funcionamiento de los centros de día se incluirá la atención sicológica, precisó la Directora Soundy.

Eugenia Luna Luna, ahora de 81 años,  era una mujer joven con seis hijos cuando ocurrió la masacre, vivía en el cantón Cerro Pando, perdió a uno de sus hijos y todas sus pertenencias. También se refugió en Honduras, y ahora pide al Gobierno que estén cerca de las personas que fueron afectadas por la masacre, pues la mayoría son adultos y adultas mayores que no tienen las mismas fuerzas para trabajar como antes.