Queridos amigos y amigas.

Gracias por estar aquí, siendo parte importante de este evento con el cual nos unimos a la comunidad internacional, conmemorando el “Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez”, el cual nace por acuerdo de Asamblea General de Naciones Unidas.

Esta conmemoración ha contribuido a generar un nuevo debate mundial sobre un tema que, si bien ha existido desde hace mucho tiempo, solía ser tabú. No se hablaba de esto, ni se le daba la importancia que necesita para lograr su erradicación.

El tema de violencia es particularmente sensible en nuestro país,  y cuando se toca este tema, lo primero en que pensamos en todas aquellas personas jóvenes, las víctimas y los victimarios, quienes no se verán a sí mismos crecer o vivir la vida digna que merecen.

Pero si bien es urgente abordar la prevención de la violencia que afecta a la niñez y a la juventud, no debemos tampoco cerrar nuestro entendimiento a la tragedia que a diario enfrentan las personas mayores como víctimas de este terrible flagelo, tanto en el seno de sus propias familias, en sus comunidades o a manos de quienes deben cuidarlos.

Naciones Unidas define que el abuso y maltrato son «un acto único o repetido que causa daño o sufrimiento a una persona de edad, o la falta de medidas apropiadas para evitarlo, que se produce en una relación basada en la confianza».

Este maltrato puede adoptar diversas formas, como el maltrato físico, sexual, psíquico, emocional o económico. Puede además ser el resultado de la negligencia y el abandono, sea esta intencional o no.

El abuso y el maltrato hacia este grupo puede tener muchas caras, algunas sutiles, otras dolorosamente claras; todas ellas esperando ser amparadas por la justicia.

Este tema debe llevarnos a un compromiso serio a la acción, ya que el envejecimiento acelerado de la población impone como algo urgente, la promoción y la defensa de los derechos de las personas de edad, quienes ya para el año 2050 (es decir, dentro de apenas 34 años), seremos más del 20% de la población mundial.

La violencia contra mayores, a diferencia de otras formas de violencia, tiene un alto grado de complicidad en el silencio: se desconoce lo que sucede al interior de las familias, de los hospitales, de los hogares y con cuidadores que se hacen llamar “profesionales”.

El abuso a mayores ha alcanzado nuevas escalas, donde las personas mayores no escapan a la violencia que nos aqueja.

Pero el abuso no existe solamente cuando hay golpes  o vejaciones.  El maltrato psicológico, uno de los más silenciosos, tiene un impacto devastador en la persona mayor que lo sufre;  ésta llega a creer  que debe  aceptar el maltrato como algo natural y que no vale lo suficiente para ser respetada en sus derechos.

Las instituciones y la sociedad en general no están exentas de este mal.  Los profesionales que prestan servicios a esta población muchas veces no tienen el deseo o la paciencia de atenderles, les dejan esperando largas horas en condiciones vulnerables o les maltratan mientras les prestan servicios.

Finalmente, la sociedad todavía no tiene claro que muchas de sus prácticas también contienen violencia hacia esta población.  Infantilizar o ridiculizar a las personas mayores no solo es un detrimento a su honor e  integridad moral, es una forma de reducirles estatus y valor social.

Ver a la persona mayor solo como objeto de caridad, por mucho que se busque ayudar, es una forma de minimizar el drama que significa ser mayor en este país.

Todos estos escenarios, terribles y desgarradores, tienen una fuente común: LA DISCRIMINACIÓN. Se discrimina lo que se teme, lo que desconoce y lo que se desvalora.

Es por ello que debemos seguir luchando por eliminar mitos y prejuicios sobre el envejecimiento, por acercar a los y las jóvenes a las personas mayores, por ampliar el horizonte y opciones de las personas mayores.

Debemos también impulsar la generación del conocimiento sobre el envejecimiento, debemos formarnos más para comprender que ser mayor debe ser una etapa tan valiosa y hermosa como las otras etapas de la vida;

Por último, debemos recuperar el valor por lo humano y dejar a un lado la valorización de la persona solo desde el dinero que puede producir.

Lo anterior implica el impulsar mejoras en los servicios y una protección efectiva de los derechos de las personas mayores.  Implica invertir en ampliar los beneficios y procurar la vida digna que esta población merece por que la Constitución de la República así lo reconoce.

En esta fecha, en la cual también se conmemora el primer aniversario de la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, es pertinente reflexionar sobre el contenido de este instrumento en relación al tema de abuso, violencia y maltrato.

Toda la Convención recoge el derecho inalienable de la persona mayor a ser respetada, no discriminada y vivir en libertad, seguridad personal y dignidad.

La Convención nos da un marco para avanzar hacia la lucha contra la violencia, el abuso y el maltrato, y ese, entre muchos, es un elemento que nuestro país ha considerado como positivo en el proceso de adhesión a este instrumento.

Como Secretaria de Inclusión Social, reitero mi compromiso para avanzar en la adhesión y posterior proceso de ratificación de este instrumento por parte de la Honorable Asamblea Legislativa.

Esta fecha es importante para nuestro país, es un día para recordar a todas las víctimas adultas mayores, conocidas y anónimas, que esperan que un día la justicia las identifique y las reivindique.

Es un día donde la esperanza de un nuevo futuro para esta población dio un paso importante al contar por primera vez con un instrumento de derechos humanos que las pone en el lugar privilegiado que requieren y merecen.

Este es un día para soñar en El Salvador que deseamos dejar a las futuras generaciones, en particular a las personas mayores del mañana.

Muchas gracias, y les envío un fuerte abrazo a todos y todas.