Señoras y señores:

Me complace mucho participar en la inauguración de este importante evento que pretende no sólo conocer el Informe Mundial sobre la Aplicación de la Resolución 1325, sino también, reflexionar sobre la importancia de su aplicación en nuevos contextos, nuevas coyunturas y particulares realidades, como las de los países del Triángulo Norte.

Pero además, es una oportunidad para debatir sobre las oportunidades y los desafíos que existen en ésta región, para lograr el pleno desarrollo de todas las mujeres, compartiendo las experiencias exitosas y las ideas innovadoras que faciliten el logro de ese objetivo.

Todas y todos sabemos que la Resolución 1325 marcó un importante punto de partida, cuando reconoció que las mujeres y las niñas, sufren los conflictos de manera diferenciada que los hombres, al ser victimizadas de formas particulares en razón de su género.

Lo anterior permitió impulsar, posteriormente, nuevas resoluciones que han permitido construir un marco crítico para abordar la situación de las mujeres y de las niñas, a fin de garantizar su protección, además de promover su plena participación en los procesos de paz y de seguridad.

En esta ocasión, para hacer una reflexión sobre algunos desafíos y oportunidades de la aplicación de la Resolución 1325 en el contexto del Triángulo Norte, quiero primero señalar que

esta resolución, brinda la oportunidad para generar mayor participación de las mujeres en espacios de toma de decisiones; así como en la creación de leyes, políticas públicas, planes y en la implementación de acciones encaminadas a prevenir la violencia contra las mujeres y resolver situaciones de conflicto , post-conflicto y otras expresiones como la violencia social.

Esta participación tiene una gran importancia pues sólo de esta manera, se harán visibles los intereses y las necesidades específicas de las mujeres, quienes desempeñan un papel muy importante en el sostenimiento de la paz.

En estos contextos no podemos dejar de visualizar que los agresores se convierten en verdaderas corporaciones o cofradías donde forjan su potencia a través el control sexual, bélico, moral, intelectual, económico y político.

Por tanto contar con la participación activa de las mujeres en estos espacios, se contribuirá a erradicar toda forma de discriminación y violencia ejercida en su contra, lo cual ayuda al logro del desarrollo sostenible del país.

Otra de las oportunidades que brinda esta Resolución, es que demanda la incorporación del enfoque de género en el diseño e implementación de estrategias, políticas públicas, programas y planes de acción, en materia de seguridad.

También, establece la necesidad de implementar una política de tolerancia cero respecto de la explotación y abusos sexuales cometidos contra las mujeres y las niñas, en cualquier contexto, no solamente en situaciones de conflicto armado.

Entre los desafíos para la aplicación de esta Resolución, podemos señalar la falta de voluntad política y de compromiso por parte de los Estados para visibilizar la violencia ejercida contra las mujeres y considerarla como violaciones a los derechos humanos; las cuales requieren y demandan una protección oportuna y adecuada, que debe ser brindada por los mismos Estados, en atención a las obligaciones adquiridas mediante su normativa interna y la normativa internacional adoptada.

Dentro de otro de los desafíos, está el referido a la impostergable necesidad de contar con suficientes recursos financieros para combatir, disminuir y erradicar los diversos tipos de violencia y discriminación que afectan a las mujeres, lo que genera mayor inseguridad para las mismas en los espacios en que viven y se desenvuelven, lo cual impide la sostenibilidad de la paz.

Así mismo, se vuelve necesario, fortalecer los mecanismos de protección y de reparación integrales para las mujeres, ante los derechos vulnerados, evitando así la impunidad en estos casos.

Es preciso mencionar, como otro de los desafíos, la necesidad de diseñar, e implementar mecanismos adecuados de recopilación, análisis y monitoreo de información respecto de la situación de violencia que enfrentan las mujeres; de los progresos obtenidos a través de la aplicación de los planes nacionales, políticas y programas que promueven la igualdad entre los géneros; la no discriminación y el empoderamiento de las mujeres.

Desde mi perspectiva, debemos poner atención en cuáles son las estrategias y acciones que están funcionando para responder a las necesidades de las mujeres en el contexto del Triángulo Norte.

En mi consideración, algunas de las acciones y estrategias que funcionan, son:

  • En primer lugar, los esfuerzos de sensibilización, deconstrucción de estereotipos y patrones socio-culturales, así como la especialización del funcionariado y las personas encargadas de implementar acciones en favor del respeto y garantía de los derechos de las mujeres, para generar confianza en que la situación de violencia que las afecta no quedará impune. 
  • Además, el diseñar e implementar mecanismos de reparación integrales y acordes a las necesidades particulares de las mujeres es una estrategia imprescindible. Los Estados debemos potenciar el desarrollo de estos mecanismos. 
  • Empoderar a las mujeres, para que conozcan sus derechos, se apropien de ellos y los hagan valer ante las autoridades correspondientes. 
  • Posicionar los problemas de las mujeres en el centro de la agenda pública, y no tratarlos como un tema secundario, pues la falta de invisibilización de estos problemas impide el adecuado desarrollo de la sociedad.
  • Hay que brindar herramientas y mecanismos que garanticen la efectiva participación y toma de decisiones de las mujeres en sus diferentes ámbitos, llevándolas a construir una buena gobernanza como se plantea en el Pacto por la Igualdad en El Salvador.
  • En El Salvador, estamos generamos la participación en toma de decisiones, lo cual nos ha permitido reconocer nuestra propia historia como pueblo salvadoreño, dando acompañamiento a la conformación de un movimiento de mujeres ex combatientes como constructoras de paz y seguridad, como parte de las acciones de fortalecimiento pleno de la ciudadanía, la construcción de la memoria histórica, como un aporte para nuestro país así como a nivel internacional.

Esa es una buena experiencia que puede y debe replicarse en los países del Triángulo Norte.

Además, considero que otra de las buenas experiencias que puede y debe replicarse para el Triángulo Norte, es el Programa Ciudad Mujer.

Ésta ha sido una de las prácticas más exitosas que se reflejan a nivel de país, ya que en este espacio se brinda una atención integral a las mujeres víctimas de diferentes tipos de violencia y específicamente, víctimas de violencia sexual, a través de una efectiva coordinación interinstitucional.

La atención integral se brinda en las áreas de salud, jurídica, empoderamiento económico, atención psicológica y social.

Lo más importante del Programa, es que a través de la atención integral que se brinda a las mujeres, trabajamos en la construcción de las tres autonomías de las mujeres:

  • Autonomía física, a través de los módulos de salud sexual y reproductiva, y prevención y atención a la violencia de género;
  • Autonomía económica, a través del Módulo de Autonomía Económica, y
  • Autonomía en la toma de decisiones, a través del Módulo de Gestión Territorial y del Conocimiento.

Con las tres autonomías, buscamos el empoderamiento vital de las mujeres.

Estamos convencidas de que es imprescindible que todas las mujeres se empoderen, que ejerzan sus derechos ciudadanos y políticos, pues así influyen positivamente en los procesos de pacificación, democratización y construcción de cohesión social y cultura de paz.

Finalmente, quiero referirme a las brechas y vacíos más importantes que se deben abordar, uno de los cuales, está relacionado con la urgente necesidad de entender los múltiples efectos que produce la violencia de género y el impacto de la misma, no sólo en la vida y en los cuerpos de las mujeres; sino en las familias y la sociedad entera.

Es necesario hacer más énfasis en la prevención de la violencia contra las mujeres, el mantenimiento de la paz y la eliminación de las causas profundas que generan los conflictos, la discriminación y las desigualdades de género.

La necesidad de que los mecanismos de administración de justicia, aborden no sólo las violaciones, sino también las desigualdades subyacentes que hacen vulnerables a las mujeres y las niñas.

Este enfoque supone tener en cuenta toda la gama de violaciones de los derechos humanos que sufren las mujeres. Por lo tanto, se trata de un enfoque que da prioridad al empoderamiento de las mismas.

Por último, quiero mencionar la importancia de diseñar e implementar mecanismos para la rendición de cuentas respecto de planes, políticas, programas y acciones ejecutadas, en el marco de la prevención y atención de la violencia contra las mujeres y la promoción de la paz y la seguridad.

A más de 15 años de la adopción de la Resolución 1325, sigue vigente el llamado a propiciar la participación plena e igualitaria de las mujeres en todas las iniciativas de paz y seguridad, conjuntamente con la integración de género en el contexto de conflictos, del mantenimiento de la paz y de la reconstrucción.

De todas y todos depende, responder a ese llamado, en beneficio de todas las mujeres, y de la paz con justicia, igualdad y dignidad.

Muchas gracias.