El jefe de Estado se unió a la feligresía católica en la misa de conmemoración realizada en Catedral Metropolitana. El Salvador celebra hoy 100 años del nacimiento de su obispo mártir.

El Presidente de la República, Salvador Sánchez Cerén, se unió al pueblo salvadoreño y a la feligresía católica en la celebración del centenario del natalicio del Beato Óscar Arnulfo Romero, participando en la misa realizada en Catedral Metropolitana en ocasión de tan relevante suceso para la historia del país. En la actividad religiosa participaron la Secretaria y Sub Secretaria de Inclusión Social, Vanda Pignato y Guadalupe de Espinoza, respectivamente.

El Cardenal Izzati realizó una reflexión durante la homilía sobre la obra y martirio del Beato Romero, destacando también el afecto que el Papa Francisco tiene sobre el país y su obispo mártir.

“Ustedes saben tanto como yo, y más que yo, que él (el Papa) tiene un afecto muy grande por esta tierra, que lleva el nombre del Divino Salvador, y saben también de su reiterado deseo de que el martirio de Monseñor Romero no deje de dar frutos abundantes, de comunión eclesial, de reconciliación y de solidaridad entre los salvadoreños, a fin de edificar una sociedad justa y noble”, manifestó el Cardenal.

También hizo una remembranza sobre la obra eclesial del Beato hasta el día de su martirio, haciendo énfasis en el alcance de su legado a nivel mundial.

“La voz del pastor traspasa las fronteras de El Salvador, remece el corazón y la conciencia de la iglesia en América y en otros continentes”, dijo.

“El Beato es un gran mártir de la esperanza, lo es para los más pobres del continente, lo es para la esperanza de este pueblo de El Salvador, lo es para la esperanza de nuestra querida iglesia, lo es para todos los que luchan por la justicia, la reconciliación, la paz, con el cariño renovado que ya lo llama a él San Romero de América”, añadió.

En un encuentro sostenido el pasado lunes con el Cardenal Ezzati, el Presidente Sánchez Cerén trasladó el júbilo de su gobierno y del pueblo salvadoreño por el reconocimiento a la obra de Monseñor Romero, beatificado por la iglesia católica el 23 de mayo de 2015, en un acto celebrado en San Salvador, declarando su martirio por odio a la fe.