La Secretaria de Inclusión Social, Vanda Pignato, presidió este día el acto de clausura del proyecto “Modelo de Promoción Comunitaria para la Prevención de la Violencia de Género”, el cual estuvo dirigido a maestros y maestras de 17 centros escolares de los departamentos de Sonsonate y la Libertad. La actividad se desarrolló en la sede de Ciudad Mujer Colón y contó con la participación de Nidia Hidalgo, Especialista Senior de la División de Género y Diversidad del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Mélida Barrera, Directora Nacional Administrativa del Ministerio de Educación.

En el acto, 44 docentes de centros escolares de los municipios de San Juan Opico, Colón, Sacacoyo, Tepecoyo, Jayaque y Armenia recibieron su diploma que los acredita como los primeros docentes formados en un modelo de educación comunitaria para la prevención de la violencia de género, basado en cambios de actitudes, comportamientos y de las normas sociales que naturalizan la violencia contra las mujeres.

El proyecto es coordinado por la Secretaría de Inclusión Social (SIS), a través del Módulo de Educación Colectiva de Ciudad Mujer Colón; el Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU) y el Ministerio de Educación (MINED) y cuenta con el apoyo financiero del Gobierno de Japón, administrado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Durante su discurso, la Secretaria Pignato manifestó que era lamentable que se dejara de un lado que  la violencia de género también afecta a los niños, los adolescentes y los hombres de todas las edades. “Es innegable que la exposición a la violencia de género tiene un impacto negativo en la vida y el desarrollo de los niños y adolescentes. Basta con que sean testigos recurrentes de la violencia ejercida contra sus madres, por ejemplo, para considerar que son víctimas también; es por eso que insistimos que la lucha por la erradicación de la violencia de género y el trabajo por la igualdad y la equidad es un asunto que compete no sólo a las mujeres, sino a los hombres también”, enfatizó la funcionaria.

Este modelo de educación es una adaptación del titulado “Programa H y M” elaborado por Promundo, ECOS e Instituto Papai, de Brasil; Salud & Género, de México; y World Education, de los Estados Unidos de América. El modelo ha tenido mucho impacto, y a raíz de ello ha sido adaptado en más de 20 países de todo el mundo, implementándose en coordinación con instancias de la sociedad civil, organismos de las Naciones Unidas e instituciones gubernamentales.

Los programas H y M son procesos formativos diseñados para involucrar a mujeres y hombres jóvenes en discusiones sobre cómo ideas rigurosas de comportamiento afectan a  hombre y mujeres, principalmente en sus elecciones de vida, su salud, sexualidad y en la violencia basada en género.

Para El Salvador, este proyecto forma parte de una experiencia piloto, realizada en los municipios de San Juan Opico, Colón, Sacacoyo, Tepecoyo, Jayaque y Armenia, y es un modelo de aprendizaje que estimula a la juventud a cuestionar y analizar sus propias experiencias para entender cómo el género puede reproducir el poder desigual en las relaciones, haciendo vulnerables tanto a mujeres como a hombres jóvenes. También, promueve el intercambio de ideas y opiniones entre los jóvenes, para que puedan realizar cambios positivos en sus vidas, familias y comunidades. Ello conlleva un proceso de sensibilización, de reflexión y de aprendizaje participativo, en el que se facilita el cuestionamiento y se promueven cambios de largo plazo.

Según la Encuesta Nacional de Salud Familiar, realizada por la Asociación Demográfica Salvadoreña y FESAL, en El Salvador, durante el año 2008, el 47% de las mujeres había sufrido algún tipo de violencia de pareja y una de cada 10 mujeres había sido víctima de violencia sexual (la mitad antes de haber cumplido los 19 años de edad).

En cuanto a las violaciones, según datos del Instituto de Medicina Legal, del total de 444 violaciones cometidas contra víctimas femeninas en el primer trimestre de 2014, el 72% fueron cometidas contra niñas y adolescentes de 10 a 19 años. Dentro de ese porcentaje, el 23.5% era conocido de la víctima, 23.2% era desconocido; 20.9%, novio; 7%, compañero de vida; 2.3%, ex compañero de vida; 5.3%, padrastro; 4.5%, padre; 2.8%, vecino; 2.3%, primo e igual porcentaje tío. El resto son relaciones diversas como hermano, esposo, ex esposo, abuelo y otros. Los datos anteriores confirman que en el caso de la violencia sexual, el agresor está en casa o en la comunidad donde residen las víctimas y se valen de una relación de amistad o vínculo parental para someterlas y agredirlas.

La segunda parte del proyecto contemplará la promoción de una “Campaña Comunitaria de Prevención de la Violencia de Género” a partir de 2015, con el objetivo de involucrar a los jóvenes en la reflexión crítica acerca de las ideas severas sobre el género y la forma en que influye en sus vidas y relaciones.

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